domingo, 27 de diciembre de 2015

Ello

Tengo insomnio. Entonces, ha habido un momento en que creo que hubiera sido capaz de dormirme, pero la vecina de arriba ha llegado con sus tacones trocotró trocotró trocotró, como un caballo percherón, al trote. No sabéis cuánto mal hacéis con los tacones a las 4:45 am. Debía venir orinándose viva, porque después del trote he sido transportada de sopetón, sin coger lo mínimo ni el cepillo de dientes,  a Venezuela, al mismísimo Salto del Ángel me ha llevado el sonido de la cisterna.  Todo muy bien. Muy pladur. Muy terrenal.
Tengo insomnio y estoy nerviosa. Me vendría muy bien un masaje en la cabeza, que también me duele. Pienso en unas manos grandes, firmes, fuertes, pero delicadas al tacto y al contacto sin caer en lo meloso. No me gustan las manos pequeñas ni blandas ni con uñas largas ni con dedos cortos ni descuidadas ni sudorosas. Pienso en unas manos. Unas. Dos, en concreto.
Tengo fantasías con alguien. Me invento su vida y la mía. Y todo es perfecto, porque para el resto ya está la realidad.
Tengo antojo de  Pásteis de nata. Creo que es un poco mi ello, que diría Freud.

martes, 22 de diciembre de 2015

"La Tacones"

Escribo mientras se cuece la pasta, que hoy tampoco estará al dente. Me duele la cabeza. Es un dolor sordo, continuo, puñetero, que me mina,  el mismo que hace días aparece de repente  y no  me abandona. Esta noche tengo la cena del trabajo. Me apetece, pero no. En realidad, me metería debajo del edredón y no saldría, al menos en un  par de días, cinco, siete, quince, veintitrés, siempre. Hibernar, en  este invierno raro de hasta 16º C, en el que me canso de escuchar hablar de mocos y toses, y no pongo cara de asco cuando me sobra información, que es muchas veces. Me miro en las ventanas del metro, de vuelta a casa. Soy una ojera profunda y perpetua.

Regalo calendarios, paraguas, lotería, pastilleros, caramelos, muestras, "- ¿De qué?  - De lo que sea. Da igual", (me dan ganas de dar geles de higiene íntima, condones y lubricantes, sigo con mi teoría de que el problema es que no se folla suficiente. El saludo y el polvo, no se le debería negar a nadie), a los viejos y a los no tan viejos. Qué asco la condición humana con todo lo gratis y las exigencias. Todo esto por escribir de lo que no es realmente importante, de lo que me la suda aunque siga sin poder con la falta de educación, pero ya no me encabrono, como antes, como cuando era más joven. Allá cada cual con sus carencias, con las mías tengo bastante. Es buena la edad por eso.

La vida transcurre. Una semana bien. Una semana mal. Una semana peor. Una semana bien. Una semana mal. Una semana peor. Así. Es el patrón últimamente. Estoy en la semana peor, creo que la siguiente no será bien sino aún peor. Qué propósitos ni qué mierdas. Me canso de culpas que no son mías. Es sencillo verter tu mierda sobre el otro. Es poco moral también. Habló de putas "La Tacones".

jueves, 29 de octubre de 2015

28/O - Tocada. 29/O - Agua


"La vida es vana,
Un poco de amor,
Un poco de odio,
Y luego buenos días..."
Zenobia Camprubí Aymar


Me cuesta hacer cosas sola. Me da pereza el pensamiento de yo andando por la calle camino de hacer cualquier cosa que tenga que hacer, aunque, en realidad, salvo para salir por las noches que para eso sí... He estado muchos años acompañada, pero haciendo sola todo el resto de vulgaridades que hay que hacer en esta vida para que sea llevadera o más cómoda. Léase, hacer la compra, bancos, papeleos varios, solucionar todos los imprevistos marrones que hayan ido surgiendo y todo eso que forma parte de la vida de una persona corriente. Nada extraordinario. Supongo que como que haga o deshaga ahora solo me afecta a mí y no facilita o complica la vida de nadie más, pues me da un poco lo mismo.
Estoy un poco seta.

Me doy cuenta de todo lo que me gustan los trabajos que se realizan con las manos porque, pese a ser manuales, me mantienen totalmente concentrada sin pensar en nada más. Me gusta, por ejemplo, la fontanería. Hoy tuve que cambiar el mecanismo de la cisterna, la llave de paso de agua del lavavajillas  y el grifo de la cocina.  Es tan sencillo todo: llaves de paso, latiguillos, llave inglesa, desenroscar, cinta de teflón, enroscar. Et voilà! La vida podría ser un poco así. Que hay fugas de amor; teflón. Que afloja o aprieta; llave inglesa. Que se acerca o aleja; cambiar el latiguillo. No sé qué está pasando últimamente con el agua y mi vida. ¡Chap, chap!

La mujer del estanco me pregunta siempre, "¿Qué deseas?" No responde nunca a mi "Hola" o "Buenos días", sólo pregunta eso. Yo creo que un poco omite la palabra coño entre  "qué" y "deseas", que  lo que realmente quisiera decir es, ¿Qué coño quieres? Eso que se ha quedado  mordido en la lengua de todo el que trabaja cara al público, en alguna ocasión.  Le pido las dos cajetillas de tabaco (por favor y gracias) y me voy por donde vine, siempre (hasta luego), pero también siempre se me forma la imagen de una genia gruñona que es ella, saliendo de una pipa de agua, capaz de concederme todo lo que deseo (ahí la tienes, con lo malasombra que es). Vuelvo entonces a casa, caminando despacio atravieso el parque mirando un poco al cielo, un poco a los niños jugando, un poco al agua estancada en el laguito artificial, pensando en qué deseo. Hoy no sé qué deseo, otras veces tampoco. Creo que tengo el deseo anulado. Y eso es bien o mal, no sé.


lunes, 19 de octubre de 2015

Llamadme desenfreno

Llevo desde el viernes con fiebre, no todo el tiempo, a ratos. Despierto con fiebre por la mañana y de la siesta también. Pero dormir me hace bien, pese a que despierte como si llevara un buen globo. Es raro, porque no me siento mal del todo moviéndome en el búnker, pero esta mañana traté de ir a comprar palmeras de chocolate. No llegué. Empezó a diluviar de nuevo y me mareaba, pensé quién me recogería si me caía en un charquito, concluí que nadie, porque el barrio estaba desierto. Así que, chinu chano, volví sobre mis pasos. Mira que tengo antojo de palmera de chocolate desde el viernes, pero no, no pudo ser. 
Me parece una mierda que sea el fin de semana que libro el que me pase esto, y por otro lado me alegro porque no sé qué hubiera sido de mí si hubiera trabajado. Bueno, sí. Hubiera sido igualmente.

He empezado a estudiar hace dos semanas, pero voy a tener que dejarlo porque no me da la vida. Me he sobrevalorado. Ni soy Batman ni tengo capita. Pensé que iba a poder con eso de salir de casa a 8:00 de la mañana y llegar la 1:30, pero no, sobretodo porque voy pasada de vueltas y de las horas escasas que tengo para dormir, duermo la mitad. Claro, así he hecho plof cataplof esta semana. La gente de clase ha creado un grupo de whatsapp en el que yo apenas participo, porque me aburren un poco los grupos y como esa disponibilidad inmediata que supuestamente tienes que tener. Me llama la atención que en un grupo de gente tan heterogéneo, no sé, hay desde chavales con 19 años que viven con sus padres, hasta treintañeros o cuarentones como yo, que han dado muchas vueltas, gente con trabajo la menos, eso sí, pero vamos que cada uno viene como de un planeta distinto, pues a lo que iba. Me sorprende que desde el primer momento se planteen quedar para barbacoas, dar una vuelta, salir el fin de semana, y la gente quede. Creo que estamos muy solos. Lo que no quiere decir que yo esté muy acompañada, solo que me sorprende.

Hoy no he hecho absolutamente nada. Hiberné. Me automediqué con todo lo que entallé, aquí no se puede decir lo de cuchara de palo. Le solía decir  a L., que se notan los años también cuando en el botiquín de casa no estaba solo el paracetamol y el ibuprofeno de cuando nos conocimos, sino remedios para casi todo lo que te pueda pasar. Cociné para toda la semana eso sí. La cosa es que después de cocinar tanto, no tengo hambre. Solo me apetece chocolate. Así que me estoy comiendo unas chocolatinas caducadas que han aparecido en un armario y que se me pasó darle a mi sobrino S., el año pasado. Son chocolatinas con el dibujo de Rudolf o Papá Noel ¡hop, hop,hop! Total.

Hablo por teléfono con el Oeste más de una hora, pero también me aburre hoy hablar por teléfono. Nunca me ha gustado el teléfono. Me acuerdo cuando a Y. en casa de sus padres le ponían un candado en el teléfono de rueda, para mí era un alivio. "S., que llama tu noviaaa" -  decía mi madre un porrón de veces al día y yo ya sabía que no iba a poder retomar lo que estaba haciendo hasta pasadas dos horas al menos. Ahora ya, no se pueden usar candados y la gente tiene unas tarifas planas del 15. A mí de doscientos minutos me sobran más de la mitad. Tan solo me han faltado cuando he tenido una historia de amor amor, en la distancia, que son un rollo también, más si eres como yo de hablar poco por teléfono, y te tienes que contar cosas tan insustanciales como lo de las chocolatinas o el antojo palmeril. En fin, un suplicio porque a veces no tienes que contarte. Si te llaman y no hablas mucho, por qué no hablas, que si estás rara, que si qué pasa, que si estás fría, que si no me quieres, que si, que si, que si... Drama mode. Total, que al final tienes que estar pegada al teléfono más tiempo de lo que esperabas,  de haberlo sabido hubieras hablado como una cotorra desde el principio.  Alguien debería desarrollar la App Candado.
Agradezco, hoy, no tener a nadie en lontananza.
Me voy a hibernar.





jueves, 15 de octubre de 2015

Hace frío en Madrid. No el frío que llegara a hacer en invierno, pero nos vestimos de primavera-otoño y a eso de las siete, cuando el sol se va, tiritamos todos un poco. Es bonito tiritar aunque no de frío. Yo recuerdo haber tiritado con alguien. Tirititemblar, es bonito... ¿Te acuerdas tú?

Hoy se me ha pasado un poco todo. Por fin he dormido, y la vida, la mía, aunque sigue siendo la misma, con las mismas circunstancias porque nada ha cambiado de ayer a hoy, me parece llevadera. Yo qué sé. Tampoco quiero pensar mucho.

He ido a una reunión del trabajo, de palmadita en la espalda,  y luego he pasado la tarde con Y. Eso también me hace mucho bien. Hay pocas cosas que me hagan tanto bien como estar con Y.  Eso  que se nos va un poco la pinza a las dos y sí,  soñamos y hablamos sobre todo lo que podríamos hacer que no haremos, es todo tan surrealista... que nos da lo mismo y seguimos inventando lo que no será nunca. Así llevamos  27 años, pero lo mismo un día, quién sabe...

Cuando llego a casa echo de menos hablar con alguien, pero nadie tiene estos horarios búhos  míos, y me tengo terminamente prohibido desde hace años entrar en chats y páginas así, porque me doy un poco de miedo, para qué voy a decir otra cosa que no sea.  Bueno, bien pensado, puede que sea mejor así. Agradezco, por ejemplo,  que H., tenga esos horarios incompatibles con los míos y que no me haga ni puto caso, también. Gracias H, por ignorarme de este modo. No sabrás nunca el bien que te estás haciendo, pero si eso, deja de darle al "me gusta" e invítame a una cerveza, ¿vale?. Vengahastaluego.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Elegí un mal día para lavar la funda del colchón

Estoy teniendo una semana un poco rara, anímicamente.
¡Zasca!, el otoño de golpe como una colleja que te despeina. Siempre me pilla desprevenida pese a que todos los años por estas fechas el tiempo pega este cambio de golpe, lo sé porque uno de estos días es mi cumpleaños y lo guardo en la memoria.  Echo de menos las estaciones, en concreto las dos que son el preámbulo de las más extremas. En Madrid hace mucho que no existe ni la primavera ni el otoño, pero seguimos viviendo como si no pasara nada, pero pasa. Pero seguimos corriendo por los andenes de otras estaciones, seguimos subiendo o bajando trotando las escaleras mecánicas, agolpándonos para coger los trenes, justo en esa zona en que el suelo está más desgastado para ser los primeros en no dejar salir. Después dejarse la misma vida por un asiento. Y ya. Hasta la siguiente gincana. Somos animales que corren despavoridos a sus jaulas. Los instintos atrofiados. Así es.

Observas desde fuera todo eso, y te dan ganas de dejar pasar todos esos trenes, pero no lo haces porque ¡joder!, eres un maldito ser responsable. La música que escuchas en el Ipod es la misma que escuchabas hace tres años, ahí se detuvo el tiempo. El mismo que no tienes para actualizarla. Se hace raro, porque no acompañan viajes que hacías con ilusión aquí mismo. Ahora, estás aquí mismo y ya.

Y. me envía fotos desde Éfeso. No sé hace cuánto tiempo no viajo. Tanta piedra, tanta piedra  y yo lo único que quiero es abrazarla y que me abrace. Con ella no hacen falta las palabras. Mi amiga, mi querida amiga desde hace más de 27 años.

Los días de lluvia dan sueño, también hacen pensar más de la cuenta. Al menos a mí. Estás aquí mismo, casi 42 años después. ¿Y? Tienes un techo, comida, trabajo y más sueños que dejaste atrás que los que jamás podrás tener por delante. O quién sabe.

L. se fue hace días. Hay trenes en vías muertas y certezas. Como una que me digo en bajito y no cuento a nadie.

martes, 15 de septiembre de 2015

Clap your hands

Hoy me está costando un esfuerzo hacer lo mínimo. El principal problema del primer mundo de hoy ha sido no ser capaz de encender el calentador y terminar duchándome con agua fría. Cuando estaba desnuda en la cocina (porque el calentandor del año 2, sin punto cero, se apagó cuando estaba en la ducha) manteniendo pulsado por vigésima vez el botón, para ver si acaso conseguía mantener la llama encendida, pensé cómo sería volver a desnudarme o ser desnudada por primera vez por un alguien.  No fui capaz de imaginarlo porque no hay un alguien concreto y en lo abstracto me pierdo bastante, la verdad. Necesitaba la imagen del cuerpo de alguien, pero ¿cómo? si iba a ser la primera vez. No estaba por la labor de conformar una especie de Mrs. Potato mental, con más de una boca o veinte pechos o treinta manos. Mal o no, no sé. Porque el deseo debió ser atropellado cada una de las veces pasadas y no pude recuperar ningún recuerdo del que nutrir la imaginación. Tampoco fui capaz de mantener encendida la llama. Como la vida misma.


Dice este tipo que todos tenemos un doble cuántico, que conserva la memoria mientras nosotros recibimos los shocks.  Me está costando la misma vida entender qué quiere explicar, en realidad porque pienso que es una ida de olla muy grande. Es posible que mi doble cuántico mientras yo estaba en la cocina, ya se hubiera duchado y estuviera secándose el pelo e incluso sí hubiera sido capaz de imaginar, basándose en recuerdos que yo no tengo, lo que yo no estaba siendo capaz. Que sí pudiera proyectar sobre un alguien abstracto una mezcla de sensaciones que yo sentí con otros alguienes. Que mientras a mí, en el pasado, el  deseo me atropellaba hubiera estado sentado a los pies de la cama o en el borde de un sillón o en una silla, observando. Mi doble cuántico voyeur. A lo mejor mi doble cuántico, además, mantiene la llama en su tiempo, quién sabe.
Ahora, una cosa tengo bien clara, si mi doble que dispone y vive un tiempo distinto del mio (básicamente más) es capaz basándose en una memoria que yo no conservo, pero que al mismo tiempo es mía,  de imaginar y dar forma a  toda y cada una de las cosas que a mí se me pasan por la cabeza, y que yo descarto porque no recuerdo, me  disperso o por la falta de tiempo, debe estar mínimo clapping her hands. Pues una cosa le voy a decir, que no me toque las palmas que me conozco.
La única verdad del día de hoy, en medio de todo este sindiós,  es que yo me he quedado con el shock del agua fría.
Quiero ser mi doble cuántico.



video

sábado, 22 de agosto de 2015

"Soave sia il vento

tranquilla sia l'onda
ed ogni elemento
benigno risponda
ai nostri desir"
(Così fan tutte, Mozart)
 
Hola, H:

Me he despertado pronto, a lo mejor porque espero un poco nerviosa tu respuesta. Así que aquí estoy,  esta mañana del 22 de agosto del 2015 que no volverá a ser nunca más. Eso entra dentro de lo irrepetible. Sentada en el sillón rojo, el mismo en que tú en otra ciudad también estuviste sentada en varias ocasiones. Pensando qué voy a hacer este día que presumo largo. Bebiendo un zumo de naranja esta vez, el de tomate se me hace bola en el desayuno: demasiado espeso. La página del correo abierta, actualizando obsesivamente por si tus letras se quedaron atascadas o dando vueltas en la puerta, pero no. No hay nada dando vueltas ni atascado, salvo yo, en este momento. He mirado también la bandeja de enviados del correo,  la hora de tu última conexión en whatsapp (unas cuantas veces, eso que hacemos todas y no confesamos porque es como un poco psicopático. Lo es. Lo sé. Lo sabemos.), pero tampoco quiero vigilar tu vida, así que vuelvo a configurar mi teléfono para que no se vea la hora de la última vez que estuve en línea ni yo poder ver la de nadie. Te aseguro que de no formar parte de un grupo de mierda de esos de trabajo con todo lo que implica, ya sabes: la coordinadora, la responsable y la gran jefa a un click de enmarronarte un día libre, por no hablar de los 21 compañeros con los cambios de turno, eso de la hora me daría un poco lo mismo. Estuve trabajando en un sitio en que nos enterábamos cuando habían despedido a alguien porque la administradora del grupo los eliminaba. "MC eliminó a  ______ ." Un poco como en los videojuegos. Son PacMan, están dispuestos a comérsete por las patas. A mí me despidieron y me salí sola. Me río, pero no sé dónde mierda vamos a llegar. Echo de menos el Oeste.

De lo que sí estoy segura es de que me has leído. Esta era de teléfonos inteligentes con conexiones a internet, no deja lugar a las excusas peregrinas. Me has leído y punto. A no ser que hayas querido pasarme por alto o me hayas borrado pensando que era un spam. Un poco spam sí que soy, la verdad.

Al final llovió de madrugada. A eso de las 2:30 cuando me iba a dormir la tormenta eléctrica estaba justo encima de la casa, bueno tal vez a 100, 200 o 300 metros. No sé a qué distancia caían los rayos, pero por la proximidad podrían haberme partido. (¿Podrían? ¿Lo piensas así y por eso no me contestas? ¿Es eso?) Después ya en la cama cogiendo el sueño, el sonido del agua cayendo sobre el asfalto. Qué tendrán las tormentas de verano que nos hacen acurrucarnos en la cama o querer ser solo superficie sobre la que caiga el agua. Somos unos dos metros cuadrados de piel. ¿Te das cuenta? Qué enormidad. Qué maravilla. ¡Dos metros cuadrados de piel! Me dan escalofríos si pienso en todas esas terminaciones nerviosas contactadas.

Un abrazo, H.


viernes, 21 de agosto de 2015

Carta a nadie

Querida, H:
Te escribo por fin, después de tanto tiempo. No para explicarte que me encontré un unicornio y he viajado de arcoiris en arcoiris en mundos que eran rosas comiendo algodón de azucar, y por eso me desaparecí del mapa, que ojalá hubiera sido sino porque en este último tiempo me ando acordando de ti y se me quedan cortas las otras vías por las que nos comunicamos esporadicamente. Tú ya sabes de mi aparente desapego. Esa tendencia mía a la soledad, a pesar de lo que me gusta la gente ( la gente que me gusta) y que no se me da nada mal sociabilizar, pero me gusta tanto la gente como estar sola y con frecuencia me puede más lo segundo. Me gustaría retomar nuestra correspondencia, ahora que dispongo de algo más de tiempo libre. Echo de menos saber de ti de una forma más extensa, de tus días y esos correos que con su cotidianeidad amenizaban la mía.  Me gusta como cuentas, ya lo sabes.

De este verano, al que ya le queda poco, lo único que voy a echar de menos son estos días sin obligaciones en que salgo a la calle en bermudas, camiseta y sandalias y hago las cuatro cosas que tengo pendientes, a primera hora, antes de que el sol pegue de lleno. Me gusta la ligereza de la ropa y la luz de estos días. Esta mañana me deslumbré. Yo, que hace tanto que no me deslumbro por nada. La luz se reflejaba en la gravilla blanca del parque que hay delante de casa. Por un momento tuve que achinar los ojos. Era como verlo todo con rayos equis, un flash, un selfie del universo o los del google maps haciendo fotos desde el satélite que sea. No había ningún ovni y para bien o para mal no he sido abducida tampoco, aunque es posible que a ti te haya pasado por la cabeza, por la falta de respuesta a tu último  e-mail. Sí, me lo puedes decir, de nuevo estoy suponiendo demasiado.

Después vuelvo a casa despacio, dando un paseo. Cocino, trato de comer bien. Cojo el sueño leyendo, qué maravilla que las letras se deslíen y el libro se venza sobre el pecho. Siesta. Buscar algo en lo que entretener la tarde. A veces, me obligo a salir porque la verdad es que solo tengo ganas de estar en casa. Estoy cansada físicamente, H. También psicológicamente, pero he decidido hace un tiempo no machacarme mucho la psique y ahí ando arrastrando los pies que no el cerebro.

Tengo antojo de zumo de tomate a todas horas. Esta semana he visitado todos los días el supermercado para comprar. Tengo la despensa con reservas como para dos meses, a más de dos zumos diarios. Soy un poco excesiva con los antojos que puedo permitirme. Después me cansaré y terminarán caducando. Me acuerdo de mi padre cuando me sirvo uno en un vaso bonito, cuando le echo la sal y la pimienta y después cuando le doy vueltas con la cucharilla. Me vienen a la cabeza otros veranos de hace ya tantos años...
Hoy fui a casa de mi madre, una vecina en el ascensor me dijo cuánto le recordaba físicamente a mi padre, pensé: es el zumo de tomate y oye,  quién sabe. Lo único que no deseo es perder el pelo, quedarme calva como él o mi tía abuela África y que luego llegue un sobrino nieto cabrón a tratar de arrancarme la peluca,  por lo demás está bien parecerme.

Ya ves que la vida por aquí sigue siendo anodina. Por otro lado también me he propuesto no hablar más de sentimientos románticos. Entonces tengo que recurrir a lo del zumo o lo de la luz, porque sinceramente no escribir sobre sentimientos es muy complicado. ¿Acaso todo lo que se escribe no trata sobre el amor o la muerte? Inténtalo tú, verás qué complicado.

Este año tampoco he ido a la piscina. Me horrorizan un poco las hordas de niños, los pícnic piscineros, la falta de sombra, la música de otros a toda pastilla y la no educación ajena. Si lo piensas un poco lo absurdo de sentirse como un garbanzo en remojo en azules, sí, pero sin poder nadar. Así que estoy cetrina,  pero bien. Aquí me río, pero no lo entenderás.

Hoy vi la foto que subiste a Facebook, sigues en Menorca. Estás guapa, ya te lo escribí esta mañana. Eso que no estás de vacaciones. La proximidad del mar hace que todo sea otra cosa ¿verdad? El mar es posibilidad.

Hoy ha salido una noticia en la que se dice que Madrid es una de las ciudades mas adulteras de Europa. ¿Cuándo vas a venir?

A lo mejor llueve.
Un abrazo, H.

martes, 18 de agosto de 2015

3D/4D

Esta flipante maravilla que están haciendo con las impresosas 3D:


http://enablingthefuture.org/

Y esta otra flipada con la impresión 4D:

Cuando la ciencia ficción deja de serlo, pero sigue pareciéndolo.
Me apasiona el tema y todas sus posibilidades en el campo de la medicina.


domingo, 26 de julio de 2015

Orden

Adoro el orden, no lo puedo evitar. Soy Virgo. Entonces, hay días como hoy en que después de haber limpiado y ordenado la casa a conciencia. Me siento aquí y disfruto. Sí, la vida este domingo de julio es definitivamente toda una aventura. Sin lugar a dudas. La adrenalina me corre por las venas y el espíritu de Lennon me sale por los poros.

No tengo delante de mi campo de visión, de forma permanente, sobre la mesa baja de madera que está justo delante del sillón rojo en el que ahora estoy sentada: el estuchito amarillo de los medicamentos o los blisters o la funda negra con tapa gris del carrete de fotos con el costo dentro, los papelillos ni el tabaco de liar ni la lata metálica verde de Lucky Strike con las boquillas y más papelillos.  No está la superficie de la mesa, en su lado derecho, salpicada de picadura de tabaco ni tampoco el suelo ni hay  bolígrafos, lápices o rotuladores ni tampoco cinco o seis mecheros. No hay zapatos, playeras, sandalias, chanclas o zapatillas bajo la mesa, la cama o en la entrada sino en el zapatero. No hay cuatro vasos ni tres botellas de agua caliente sobre o alrededor de la mesa, respectivamente.
No están abiertos los botes del champú ni el del gel de baño, tampoco el tubo de la pasta de dientes reposa en horizontal sobre el mueble del lavabo goteándolo de azul. No está el capuchón del cepillo de dientes morado también sobre la repisa sino cubriendo el cabezal y el cepillo en su recipiente, junto con el tubo de pasta de dientes y mi cepillo naranja. No está el rollo de papel higiénico fuera del porta rollos. No está la toalla de baño sobre el bidé sino colgada de su percha, detrás de la puerta, al lado de mi albornoz.
No hay ropa tirada de cualquier manera sobre la cama ni sobre la tabla de planchar ni en el cuarto de baño. No está la bandolera azul o el bolso verde sobre la mesa alta del comedor, tampoco los mil papeles o los paquetes de kleenex o el TomTom o las llaves del coche ni el mando del garaje aquí o allí.
No está la bolsa de comida de Pichi y Chispera sobre la silla antigua de madera ni el flush flush para echarle agua a las plantas, en el suelo, al pie de la ventana del salón o sobre el radiador. No están tampoco las plantas que por falta de cuidado se secaron. Ni el teléfono fijo sobre el brazo derecho del sillón. No están. No están. ¡No están! Aquí estoy por levantarme y marcarme un baile de felicidad, alrededor de la mesa. No están, pero es algo transitorio... Aquí me desinflo, a la vez que mis niveles de serotonina caen por los suelos.

El aumento, a lo largo de los años, de mi adoración, fijación, obsesión por el orden es directamente proporcional a su desorden, y su desorden directamente proporcional a mi obsesión por el orden. ¡Un sindios sin fin, sin remedio, sin solución! Así es.
En todo caso aún bajo los efectos del placer que me proporciona el orden, además de en este contrapunto, pienso en este otro:

sábado, 25 de julio de 2015

Algos

Cierra el Mercado de Fuencarral. La primera vez que estuve allí fue con M. El Mercado había abierto hace poco: el año anterior. Puede que hayan pasado 16 años de aquello. M., venía de Alicante con M., que ahora es muy conocido en el mundo del porno  gay. Me parece que era junio. Tomamos una copa en el bar que había en la planta baja. No recuerdo haber estado más nerviosa en ninguna cita. Bueno, sí, cuando R. R., fumaba tabaco negro. Me gustaba en la misma medida en que me ponía nerviosa. El tabaco negro me revolvía el estómago, y a veces, con frecuencia, vomitaba de los nervios y me tenía que ir a casa. Un desastre.
M. me gustaba también mucho, muchísimo, pero yo entonces era tan tímida y hablaba tan poco que aquello no funcionó. También porque ella conoció a alguien. Es la única vez que me he enterado que alguien me haya engañado. Supongo que no habrá sido la única. Ahora que me acuerdo, no es la única, S. también tuvo algo con alguien, pero aquello lo pasé por alto.

M. y yo, nos besamos por primera vez en la Gran Vía, después de una larga noche, cuando amanecía. Si en alguna ocasión he sentido que se me iba a salir el corazón por la boca, fue entonces.

La última vez que vi a M., de la que ahora no sé absolutamente nada, estuve en su casa. Me fui un fin de semana a verla cuando las cosas no estaban bien con S. Estuvimos en Altea. Playa, sol, cerveza y arroz. Salimos por la noche. Seguía consumiendo coca, igual que antes sentí que su mundo y el mío no tenían nada en común. Cuando sales con alguien que consume coca, en algún momento eres un planeta en otra órbita. No me gustaba M. puesta. Pero tengo que reconocer que recuerdo todo lo relacionado con ella con una sonrisa. Fue una etapa bonita.
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Ayer estuve en el Oftalmólogo, en la revisión anual.  Me han dado una Rejilla de Amsler para que vaya evaluando. De momento solo he perdido un 15% de agudeza visual, en uno de los ojos. Le conté a L. que la oftalmóloga me había preguntado si veía torcido. Le dije que no, pero le tendría que haber dicho que sí. Yo siempre veo torcido. L. siempre me lo dice. Esta semana llovió en Madrid, cuando se estaba acercando la tormenta le dije a L. que iban a caer cuatro gotas y el suelo iba a echar vapor, lo que iba a traer más calor. Ella dijo que los de Madrid no teníamos ni idea, y que por qué no podía pensar que iba a refrescar. Poder podría, pero lo cierto es que luego hizo más calor.

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He soñado, en la siesta, con alguien que hace tiempo que no veo. En el sueño temo encontrarme con Ella, pero sorprendentemente está como si no hubiera pasado nada. Me relajo. De golpe, estamos tumbadas sobre el  césped. Yo tengo mi cabeza apoyada sobre el regazo de una amiga suya, entiendo que somos pareja, pero a Ella no le molesta. Hablamos, no sé de qué. Ella es una gran conversadora. Sonríe todo el tiempo. Está guapa, muy guapa. Bebemos vino y hace fresco. En un instante todo cambia. Ella se levanta del suelo. Su expresión es otra, los músculos de la frente contraídos y la mandíbula tensa. Esa expresión me hace pensar en el dolor. Me despierto.

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Alguien a quien conocí hace muchos años, en la misma época que a M., sube a facebook una foto de un plato de pasta con salsa ragú. Antojazo. Últimamente solo guardo páginas de recetas. No sé por qué. Soy una cocinera pésima.

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Tengo ganas de bailar.

viernes, 24 de julio de 2015

Quien tiene un vicio

No corre ni un poco de aire. Así que ando por casa medio en pelote. Me sorprende, como cada año, descubrir que mi piel sigue morena. He tenido la feliz idea de apuntarme al gimnasio ahora que tengo algo más de tiempo libre. Por primera vez en mi vida desde que trabajo las dos cosas: el gimnasio y el tiempo. Me ahogaba literal y patéticamente (poéticamente sugiere el autocorrector, qué iluso), al principio. El tabaco. Ese que no encuentro nunca el momento de dejar porque no me lo planteo. Ahora, ya me ahogo algo menos.

Me gustan los brazos fibrosos y definidos de las mujeres, pero no los de las mujeres de veintitantos o  de treinta y pocos, sino de las que ya pasan los cuarenta. Con veintitantos no tiene mérito y no es necesario ¡estás lozana!, con treinta y pocos, si me apuras, tampoco. Los músculos: deltoides, tríceps, algo menos el bíceps marcándose cuando se dobla el antebrazo para por ejemplo, retirarse el flequillo de la frente o recogerse el pelo o con el simple gesto de apoyar los codos sobre una mesa. Es toda una provocación. Me pone, lo reconozco. Del mismo modo en que no lo hacen en absoluto esos pantalones tan cortos que siguen de moda este año y que hacen casi partirse el cuello a algunos hombres en las escaleras mecánicas del metro. Me resulta asqueroso el gesto.

Deseo que pase rápido el verano. Nunca ha sido una estación que me guste, cada año me parece más incómodo el calor. No le encuentro ninguna ventaja.

Tengo seis o siete entradas a medio escribir, pero no concluyo ninguna. Ahí están, en borradores. Estoy espesa. Puede también que las cosas vayan mejor y escribiendo sea un poco de hacerme el haraquiri sino me lo puedo hacer, no me sale escribir.

Las sandías madrileñas están insípidas. Por suerte, los melones no tanto.

Estoy contenta con el trabajo actual.
Con L. seguimos limando aristas. Somos tan distintas que parece imposible todo.
Y. se ha ido de vacaciones. Echo de menos nuestra quedada semanal. Le he pedido que me traiga una pulsera de cuero de una isla. Me hace ilusión. 
No tengo hambre, pero me obligo a comer.
No duermo bien pese a que lo hago sola desde principios de julio.
Se me pasan por la cabeza cosas que no haré. No me preocupa porque tengo la balanza totalmente del lado de mantener la tranquilidad en mi vida, pero se me pasan. Me acuerdo del tan fino como certero dicho: "Quien tiene un vicio o se mea en la puerta o se mea en el quicio".

No he encontrado todavía mi futura casa. No existe aún.

Hablo con P. que trabajó conmigo en el sitio anterior. Está trabajando en un laboratorio. ¡Bien! Ahora solo falta que I. y N. también consigan lo que se han propuesto. P., N., e I., acababan de terminar la carrera cuando trabajaron conmigo. Las protegí como si fuera su madre, les solventé marrones, les enseñé lo poco que sé. Lo normal. A las tres les pedí-orienté que hicieran algo para salir de las cruces verdes. Una ya, las otras dos están en el buen camino. Me alegra tanto...También les dije que cuando lleguen a Ministras de Sanidad se acuerden de mí. Se siguen acordando todavía y con eso me vale. Me hubiera gustado no dar con una hija de puta en mi primer trabajo, con ese tipo de persona que piensa que va a heredar la empresa, y existe lamentablemente en casi todos los sitios. No se extinguen, no.

Tengo antojo de helado de chocolate y horchata, de cerveza, hamaca y piscina, de mar, de azules, de un baño a esta hora que es la ideal, de una ducha luego, y maquearse para salir a cenar con alguien que te gusta.

sábado, 11 de julio de 2015

Lo que Juan dice de Pedro...

El otro día leí algo así como que "Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro". Pienso que es una de las grandes verdades de la humanidad. Me acordé de que creo que nunca se me olvidó algo de lo que accidentalmente me enteré. Alguien, hablaba cosas como que me tenía comiendo en la palma de su mano (miiic, miiic. ¡Error! Te quiero, te adoro, te compro un loro, more or less). Es verdad que formaba parte de una conversación privada. Es verdad que en lo privado debió quedarse, pero no fue así, y como todo lo que sucede conviene, puede ser que  algo hiciera clin crack por dentro, cabeza y corazón, y nunca más volviera a su ser. Puede ser 

Busco piso en alquiler en Madrid. No me gustan: las cocinas americanas, las cocinas independientes con el frigorífico en mitad del salón y las lavadoras en el cuarto de baño, los cuartos de baño que comunican con las cocinas, los muebles de la abuela, los pisos interiores, la plaga de semisótanos con ventanucos infames, esa puta mierda de dúplex que se han inventado haciendo un altillo con una escalera de acceso imposible (¡con un par!), ni la idea de follar con un casco o una chichonera para no abrirte la cabeza con la viga de madera carcomida (las preciosas vigas de madera, anunciante dixit, ays), los palets por somier (tan modernis) por la falta de altura, los áticos construidos en las azoteas tendederos que dudo que tengan cédula de habitabilidad, los techos abuhardillados no aptos para estar erguida si mides más de 1,30, las casas sin armarios, las habitaciones independientes store mediante... Así que dentro de la horquilla económica en que me muevo, lo tengo muy muy complicado.

Seguimos con este calor insoportable que no da tregua. A estas alturas del verano vendría muy bien algo de brisaterapia. ¿Es que no se le ha ocurrido nadie envasar al vacío la brisa marina?

Pienso donde escapar en los 6 o 7 días libres que tendré, en semanas alternas, durante todo el verano. Sueño con Formentera, pero no creo que sea este año tampoco. No sé por qué sólo me vienen islas a la cabeza, puede que no sea capaz de visualizar la tierra sin estar rodeada de agua por todas partes y que una costa entera no me cabe en la cabeza.


domingo, 28 de junio de 2015

Hache

Aparece después de muchísimo tiempo, Hache. H., que me gustaba, que me gusta, pero a quien dejé pasar de largo y me dejó pasar de largo. Aunque hubo un amanecer en mi casa después de una noche larga en que nos reímos muchísimo,  que despidiéndome de ella con el taxi para que la llevara a su casa esperando en la puerta, en que me costó no cogerla de la mano, decirle que se quedara, besarla, cerrar la puerta a su espalda... Ahora me alegro de no haberlo hecho, tampoco la hubiera sabido hacer feliz. Solo le hubiera hecho daño. No le he hablado nunca de aquel momento, ni le he dicho nunca que me gustaba, que me gusta. Así que H. debe pensar que no me gusta. Está bien que sea así. No sé por qué no hice lo mismo con todo lo demás, y sólo fui consecuente ese amanecer con ella. No lo sé. Puede que es porque conozco su historia, pero mira también conocía otras historias y ni siquiera se me ocurrió llamar al taxi para que se fueran. En todo caso me alegro de ese fogonazo de sensatez. Lo bien que hubiera ido algo después, fogonazos de sensatez en ráfaga, pero no fueron...

jueves, 25 de junio de 2015

Soledad, aquí están mis credenciales

Busco una canción en internet, que no sé por qué me viene a la cabeza, y termino dando con otra. Suele suceder con frecuencia. Buscas algo y te vas lejos de la búsqueda inicial. ¿Por qué? No sabemos. Creo que es el orden ilógico del funcionamiento de internet. Llevarte a otras cosas que tienen planeadas para ti. ¿Por qué? No lo sabemos tampoco. En todo caso, me alegra haber dado con esta canción.

Creo que ella y ella, tienen razón. Tengo que empezar a valorar lo bueno. Aunque lo bueno sea poco, es. Si sucede algo bueno quedarme con eso. No ponerme a pensar siempre en inconvenientes o en lo que no es.

Por ejemplo, hoy he quedado a comer arroz con bogavante. Y aunque quisiera o hiciera fuerza por buscar lo negativo, no se lo encuentro. Pues así tengo que hacer con todo. Como si todo lo que aconteciera fuera como quedar a comer arroz.



sábado, 20 de junio de 2015

Como sola en el tiempo de descanso del trabajo. Observo en las mesas de alrededor parejas de mi edad más o menos. Hablan entre sí solo cuando tienen la carta en la mano, después cuando se acerca la camarera a tomar nota y otra vez con los platos en la mesa. Silencio a continuación. No comparten nada más. Miran a las mesas del alrededor como para entretenerse, igual que hago yo, pero tan solo con las que están en mi campo de visión. El móvil también lo miran. Yo no uso el mío, mientras como, permanece en el bolsillo exterior de la bandolera. Me acuerdo de mi padre y los modales en la mesa. Hay cosas que se nos gravan a fuego. 

Monotonía y hastío. También pudiera ser que hayan pasado una noche loca y no tengan fuerzas ni para hablar, la camisa de rayas y manga corta tipo padre de él y el atuendo de operaria parroquial de ella, pudieran llevar a pensar que no, pero nunca se sabe. Les voy a dar un margen. 
Se han conocido ayer en una cena de antiguos alumnos. Ella es la hermana de un antiguo compañero de él, en el armario del hermano también cuelgan camisas de ese tipo. Como ya tenemos una edad y cada vez es más complicado conocer gente afín decidió ir con su hermano a la reunión, tampoco perdía nada. Qué mejor sitio para conocer varón que allí. Han follado como locos toda la noche, (me parece largo contar todos los preámbulos así que los omito) todo lo locamente que su naturaleza inhibida les ha permitido. Bebieron algo más de la cuenta, ninguno de los dos está acostumbrado y los dos lo necesitaban para desinhibirse. Por la mañana los dos se sentían extraños, además estaba ese dolor de cabeza espeso que deja el cava, la boca pastosa y el estómago revuelto. Ella hubiera querido salir corriendo, pero estaba en su casa. Él hubiera querido correr algo menos, "no estuvo nada mal". Ella no fue capaz de echarle de la casa ni inventar alguna excusa por la que él tuviera que irse inmediatamente. Decidieron al final bajar a comer algo al restaurante. Los dos se preguntan si esto les lleva a alguna parte, mientras me miran a mí, sola en mi mesa y piensan que estoy sola porque...

miércoles, 17 de junio de 2015

17

Cuando llego a casa todo el mundo duerme. El mundo bípedo porque Pichi y Chispera, no paran de dar vueltas en sus ruedas. Duermen aquí y duerme todo el barrio. No me cruzo en mi camino con nadie. Están apagadas las luces de todas las viviendas. Solo un coche negro pasa por mi lado y me rebasa, le pierdo de vista cuando gira a la derecha al final de la calle. 

En la tele "Un país para comérselo", ese par de mamones se ponen morados de anchoas, bueno, se ponen morados de todo en general, pero me encantan las anchoas y hoy solo me quedo con eso. Mi dieta se limita a; hidratos de carbono en la comida; hidratos de carbono en la cena. Poco más.

No tengo sueño. No madrugo nunca con el nuevo horario. Trasnocho más de lo que debiera porque necesito este rato de estar a solas. Ni para encontrarme ni para pensar, solo por estar sola. No pienso nada excesivamente profundo a lo largo del día. Soy un poco un cacho de carne con ojos, un poco autómata también: me va bien así estos últimos días. Lo otro, lo contrario,  tampoco es que me lleve a nada. No diré que de vez en cuando mi naturaleza me quiera llevar a plantearme todo lo relacionado con mi vida, pero estoy aprendiendo a reconducir el pensamiento si preveo que no voy a llegar a nada, y como viene siendo así, reconduzco casi siempre. Y o bien me pongo a contar mis pasos o hago que la longitud de mi zancada sean X adoquines, o cuento en múltiplos del número que se me ocurra hasta que pierdo la cuenta y vuelvo a empezar. Una forma de no pensar como otra cualquiera o de llevar el pensamiento a un segundo plano donde se va diluyendo, dispersando, donde al final es solo como una neblina o un ruido de fondo lejano o las gotas que despeja el limpia parabrisas. Sí, la sensación es algo así más o menos, un limpiar la cabeza para dejarla clara y poder ver bien a través de la luna delantera.

17, 34, 51, 68, 85, 102, 119, 136, 153, 170, 187, 204, 221, 238, 255, 272, 289, 306, 323, 340, 357, 374, 391, 408, 425, 442, 459, 
17, 34, 51, 68, 85, 102, 119, 136, 153,...

miércoles, 10 de junio de 2015

 Tengo frío.
 No están funcionando muchas cosas últimamente.  No se llevan las tormentas todo lo que no funciona. Qué fácil sería entonces para las cobardes como yo.
Tengo que tratar de no olvidar, que no cambiamos y que no es bueno echarse atrás en las decisión que tanto nos costó tomar. Las personas, no  cambiamos. Yo, tampoco.


No nos vendamos la moto del echar de menos por costumbre, del cuánto nos quisimos o del cómo hubiera sido, sin todos esos condicionantes, porque si fueron,  fue por algo. Ahí estaban y no supimos gestionarlo. 


Vuelvo de pasar la tarde con Y. Ella, que se sabe toda mi vida. Lo más ruin y mediocre también. Todo. 

Huele bien en el metro. Hay mujeres que huelen tan bien...







sábado, 30 de mayo de 2015

Desajustes

El desajuste de horarios puede terminar con muchas cosas.

Desayunar sola. Salir sola. Pasear sola. Comprar sola. Resistirse, de nuevo,  a comer sola. No es la idea generalizada de una vida conjunta. Y eso que yo necesito más espacios que la media, pero no tanto como para orbitar en distintas galaxias. Me planteo qué sentido tiene esto. No se lo encuentro.

Aquí estoy con la comida lista y con sueño de siesta. Mientras, hay quien aún duerme (no es precisamente esa la idea de cama caliente que quiero.) 

Un día nos preguntaremos tantas cosas y nos lamentarnos de tantas otras...

Busco libros de viajes porque esta realidad se me queda chica. Agradezco sugerencias.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Cumbia

Sopla el viento ahí fuera. Escucho el sonido del aire moviendo las hojas, moviendo las ramas. No es viento lo que escucho. No tiene el viento sonido propio mas que por lo que mueve, desplaza o los huecos por los que se cuela. Como tantas otras cosas que tampoco lo tendrían sino fuera por la existencia de otras. Yo, a veces, tampoco sueno, también necesito que me muevan, me desplacen o se me cuelen por los huecos; los huecos que sean.

Es bonito, pero faltan los mirlos.

Las últimas dos semanas han sido una montaña rusa, pero sin el pellizco ese que te coge cuando justo estás de bajada en la zona de más pendiente. Ha faltado eso. Desidia. Vehemencia. Desidia. Vehemencia. Desidia, desidia, vehemencia, desidia, vehemencia, vehemencia, vehemencia. Así, más o menos. A plomo de un extremo a otro.
Un poco absurdo todo.


lunes, 18 de mayo de 2015

Perder el tiempo

No he hecho nada el fin de semana. Dormir como un ceporro y atiborrarme a hidratos de carbono y grasas. Fumar también. Mucho. Todo muy sano. Ayer por la noche para cenar abrí el tinto de verano (del verano pasado), tomé un par de vasos. Paré a tiempo. Justo en el momento en que empecé a ser consciente de que me estaba poniendo gris. Además este año estreno alergia. El alcohol me congestiona (más). Me tomé la cetirizina con el tinto. Sueño infinito. Lo bien.

Me he levantado a las 12. Puse una lavadora con la colcha de colorines. Ducha. Zumo. A la calle. Paseo. Comprar tabaco. Si compras dos te regalan unas gafas de sol. Rojas, esta vez. Me gusta el rojo. Ya tengo tres azules y unas rojas. No las usaré. No oigo igual con gafas de sol. Iba a pasar por la biblioteca, pero no vi en el catálogo lo que buscaba. Pocos fondos. También pensé que del mismo modo en que la gente no deberíamos ir a comprar los domingos o festivos, tampoco deberíamos ir a las bibliotecas, por solidaridad con todas esas personas que no tienen vida los domingos, todo porque hemos creado una sociedad en que parece normal poder satisfacer nuestras ansias de consumo en días en que todo el mundo debería estar descansando. En fin. Batalla perdida. Lo sé. También fui a comprar tabaco, pero allí trabaja la dueña. No es lo mismo. Es el único estanco en todo el barrio y siempre está petado. Se va a morir con todo ese dinero en el banco.

Comer. Hidratos de carbono a la bolognesa. Dormir de nuevo. Siesta hasta las ocho. Conjuntivitis otra vez. Merendar galletasconchocolate, así todo junto. Echarle un ojo (el menos malo) al curso ese que hago a distancia. Participar en el foro porque es obligatorio. Perder el tiempo. Coger un libro. Empezar a leer. Dejarlo. Coger otro libro. Empezar a leer. Dejarlo. Tengo la cabeza en mil sitios y en ninguno. Mirar la factura del teléfono fijo y móvil. No entenderla. Escribirles un correo porque no tengo ganas de hablar y me dan pereza. Leer algún blog. Entrar en twitter y facebook. El País: Opinión, Cultura y Ciencia. Mirar la bolsa de empleo del colegio.  La única novedad un "Pepe, vente a Alemania". Descartado.

Cenar tarde. Hidratos de carbono en ensalada (por el remordimiento). Después, no sé. Ha pasado el tiempo sin más. A esta hora han empezado de nuevo a cantar los pájaros. Hoy en el parque de detrás de casa y también en el que está delante. A lo mejor hablan de esto:


Terra-Cortril. Ahora sí, la vida es una balsa de aceite.
Dormir.

jueves, 14 de mayo de 2015

Cantos

En el parque que hay detrás de casa canta un pájaro. Otro contesta. Como no sé nada de pájaros no sé qué tipo de pájaro canta a estas horas. Sólo sé que cantan. Es a esta hora el único sonido. Ese y el sonido sordo de la electricidad en la lámpara de pie situada a mi derecha. Pichi ha dejado hace un rato de dar vueltas en su rueda. Yo he dejado hace una semana de dar vueltas en la mía. Es extraño todo. Te bajas de la rueda y te sientes perdida. No tiene ningún sentido. La ausencia de fuerzas centrípetas aturde. 

Y ahí continúan contándose sus cuitas. Y aquí estoy
Querer ser un pájaro cantor para contarles las mías. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

La la

Sigo sin dormir muy bien por no decir que casi nada. Debería relajarme porque lo mismo me va a dar.
Es la sensación esa de tener el puto tic tac encimadentro de la cabeza. Tengo cuatro meses para encontrar algo y poder seguir con lo que tengo aquí o empezar a pensar en buscar también en otros sitios, pero eso implica muchas cosas. Eso me agobia. La incertidumbre y tal.

Ayer tuve una entrevista, pero no sé. Ya sabré.

 vacilar.
(Del lat. vacillāre).
1. intr. Dicho de una cosa: Moverse indeterminadamente.
2. intr. Dicho de una cosa: Estar poco firme en su estado, o tener riesgo de caer o arruinarse.
3. intr. Dicho de una persona: Titubear, estar indecisa.
4. intr. coloq. Col., C. Rica, Cuba y Guat. Gozar, divertirse, holgar.
5. tr. Engañar, tomar el pelo, burlarse o reírse de alguien.

Yo lo que quiero es vacilá la la en la acepción 4, y no vacilar en el resto de acepciones. De momento vacilo a lo 1, a lo 2 y a lo 3,  sin medida.


sábado, 9 de mayo de 2015

¿Lo que sucede conviene?

Pues sí, al final, era yo la nominada. Así que llevo dos días pasada de rosca, por la incertidumbre del futuro y los nervios, sin ser capaz de dormir. Un poco despojo, pero se me pasará. No es tampoco que tenga artes adivinatorias es que había visto la oferta de empleo en la bolsa de trabajo del colegio "pofesional" al que me veo obligada a pertenecer para poder ejercer. Y aunque las nominadas eramos dos, cuando alguien no es capaz de sostenerte la mirada, qué digo la mirada, ni ser capaz de mirarte a la cara, es que algo gris guarda para ti.

Creo que hay un montón de cosas para las que no valgo en esto en lo que se ha convertido la farmacia comunitaria.
Se habla ahora de dispensación activa, que es una manera muy bonita o profesional de llamarle a hacer más caja con vuestra (mala) salud. Creo que ya he hablado en alguna ocasión en lo que consiste la cosa, pero me voy a repetir. 
En la farmacia como en cualquier otro negocio está todo estudiado. Si tú, posible cliente, entraras a pedir una solución para tu dolor de garganta, yo, alienada, tengo que hacerte un montón de preguntas abiertas, sobre qué es lo que te pasa, los síntomas asociados y todo ese rollo.  Mientras yo las formulo, es posible que tú pienses que me estoy interesando realmente por tu salud y por darte una solución. ¡Miiiiic! ¡Erroor! (Eso era antes, alma cándida.) Lo que yo tengo en la cabeza es el cuadro de ventas cruzadas. En lo que por desgracia me estoy interesando es en subir mi ticket medio y el número de artículos por venta, porque de no ser así tendré reunión en el despacho con meamansa (en adelante, mm). Puede que tú te empeñes en comprar Strepsils Lidocaína, que es lo que has pedido en el mostrador, pero mi misión es que te lleves ese producto que se parece, pero no es lo mismo, que a  mm y gerente (en adelante, zoquete) les facturan con un 50% de descuento. Respaldada por lo que pone en mi puta chapa, eso sí.  Te guste o no. Me guste o no. Puede que tú quieras además un Ibuprofeno 600mg en comprimidos, pero la EFG, y entonces yo tengo que tratar de que te lleves un Ibuprofeno 400 mg, (EFP, que le duplica el precio y trae la mitad de comprimidos, que a mm y  zoquete, les vuelven a facturar con un 50% de descuento)  avalada ahora sí, por ese estudio que ha salido hace poco que desaconseja las tomas de más de 2400 mg de ibuprofeno, en general, y en particular a un grupo de población con patologías cardiacas asociadas, y porque la dosis de 600 mg cada 8 horas no añade eficacia en el tratamiento del dolor leve y moderado. Que matamos moscas a cañonazos, es verdad.  Lo mismo tú eres un ser lozano, y no tienes ninguna patología de base mas que cuando sales lo haces a morir. Sólo te duele la puta garganta porque ayer por la noche saliste como si no hubiera mañana, bebiste más de la cuenta, hablaste más de la cuenta y no echaste una manguita larga, pero yo tengo que seguir dándote la brasa. A lo mejor la resaca no te deja razonar, tu dolor de garganta va en aumento por momentos con todas las respuestas que te pido, la cabeza está a punto de estallarte, y al final, te vendo (dispenso) la moto, y sales de allí con unas pastillas para la garganta que saben como si chuparas una roca, que ni de coña te van a quitar el dolor de garganta (creo que lo peor es haber probado el tipo de producto que tengo que aconsejar y comprobar que no es efectivo), a lo mejor además algo de Homeopatía, Homeovox, por ejemplo, porque te he escuchado afónico (qué bien lo debiste pasar anoche, cliente que no volverás) y el ibuprofeno 400 EFP, del laboratorio Pepito de Pamplona, a 4,50 en lugar de los 2,06 del genérico de 400. Pero también puede que pienses que lo que quiero es sacarte el dinero y venderte la misma solución a mayor precio. ¡La chochona para ti, querido nocliente!

En general, pienso que es un poco pan para hoy y hambre para mañana. Es esta forma de pensar mía, la que me ha llevado a esto. Supuestamente no tengo que pensar en tu bolsillo, sino darte una solución. La mejor solución. El problema es que no me creo que la mejor solución sea proporcionada por combinación de ninguno de los productos del cuadro de ventas cruzadas. Ahí está, en realidad, el problema. Que ahora ya es solo mío.

Y después de todo este rollo, me voy a dar una ducha y a ponerme de bonita, porque me voy a pasar el sábado al sol, como hace muchos sábados no hacía. Previo paso por la biblioteca. ¡Me voy a hartar de leer! ¡Qué gozo! Después reunión García convocada de urgencia para darme apoyo. La mamma incluida. ¡Lo más!
¡Buen fin de semana!




lunes, 4 de mayo de 2015

Mayo

Me queda una semana para vacaciones, y me parece que no va a llegar nunca.
La vida es un poco insípida últimamente, como si se me olvidara echarle sal a diario.
Ayer hablé con mi madre, pero no pude verla. Llegará un día en que me acuerde de que no la vi.

Se me hace raro escribir desde el portátil colocado sobre esta mesa y sentada en esta silla de madera tan incómoda, pero L. tiene doscientas mil pestañas abiertas hace más de una semana. Me sacan de quicio porque son como todos esos frentes abiertos que nunca cierra. Todos esos asuntos inconclusos. Prefiero los frentes y las pestañas de uno en uno. Qué mal llevo el desorden. Así que no puedo desenchufarlo para ponerlo donde siempre está. La batería del portátil (que hace tiempo dejó de ser portátil) se la llevó L. en la separación y nunca más se supo. Como tantas otras cosas que no se sabe dónde están.

En mi trabajo buscan a alguien, no sé si para prescindir de mí. Veo una oferta de trabajo en Benalmádena y de nuevo empiezo a buscar pisos de alquiler, para huir, pero sin huir. Hay urbanizaciones megahorrorosas allí. Me recuerdan un poco a la jaula de Pichi. Pienso en humanos colorados como gambas tirándose por el tobogán riéndose y tragando agua como si no hubiera mañana a la misma velocidad que Pichi da vueltas en su rueda para después ir a  comer pipas en el chiringuito (así sin pausa). Eso sí, siempre con el culo en remojo. ¿Se puede tener peor gusto?
"Benal Beach"
Cuando pienso en playa pienso siempre en tranquilidad. Desde luego no es mi ideal.
Desisto en la búsqueda porque me da grima lo que encuentro. Tampoco sé muy bien lo que busco. Además lo de huir tengo que madurarlo todavía. No sé si simular un autosecuestro, pero sin pedir rescate.
Me voy a la peluquería a que me corten el pelo que es lo único que crece últimamente por aquí. Así, a  lo mejor, se me van también los pájaros. Odio las peluquerías, siempre me resultan incómodas, aunque por fin des con una en la que prescindan de esos cortes de asimetrías imposibles tan antipáticos, pero es otra de esas cosas ineludibles en la vida.

Creo que necesito estar sola o pedalear muy lejos. De montar a caballo mejor me olvido.

sábado, 18 de abril de 2015

Abril

Se está pasando abril echando hostias. Y mira que abril es un mes bonito para cualquier cosa, como para los imprevisibles. Por aquí de momento nada de eso. Abril lineal, plano, monótono, gris, pese a mis cambios de humor o precisamente por eso.

Me está empezando a dar mucha pereza algo. En contra de lo que pueda parecer es algo bueno para mí. Lo peormejor que me puede dar algo es pereza . No pereza de vagancia sino de hastío, de qué rollo o pesadez, de ¡no te soporto más!.  A ver, que no es bueno nada de eso, pero hay quien para tomar decisiones funcionamos así. Un rollo, ya. 

Si mañana antes de entrar a trabajar está abierto Muebles Marín, me voy a autoregalar algo. Eso si no hay alguien con la misma pereza que yo, que haya decidido hacer lo mismo para sacudírsela un poco de encima. Como quien mira de lado y se quita la caspa de las solapas. Un poco así. En realidad, creo que hay muchos que como yo también sueñan con un faro.

Me gustaría ser capaz de empezar la casa por el tejado. Esta semana miraba pisos de alquilar para vivir en una ciudad cerca del mar. Tan ilusa que ya me veía allí. Aún me veo. Puede ser. No es un imposible. La meseta me está costando. Sus ritmos, esta sensación de no tener vida, las prisas, la falta de tiempo libre, esta sensación de que se va la vida trabajando. Tenía más vida social en Madrid cuando vivía en el Oeste que ahora que vivo aquí. ¿Qué puta mierda es esa de planear con dos o más semanas quedar con alguien? ¿Qué mierda de agendas tenemos tantos? Veía más a mi madre o a mis hermanas y mis sobrinos, por ejemplo, antes que ahora, con eso lo digo todo. Una gran mayoría de los mesetarios soñamos con vivir cerca del mar. ¿Con qué sueña la gente que vive cerca del mar? Esa gente que tiene/tenéis el privilegio de ver el mar a diario. No sé, lo mismo te plantas allí y entonces deseas cualquier otra cosa. Como vivir en otro sitio  solo por  el hecho de soñar con ver el mar a diario. No creo, ¿no?
Yo no sé qué sonido tendrá el mar a estas horas. Para mí suena así. Y me parece tan bonito que no me parece imposible nada.

miércoles, 1 de abril de 2015

Manos frías

¿Corazón frío o caliente?

martes, 31 de marzo de 2015

1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12

zasa
Me llama la jefa al despacho para contarme el cálculo que ha hecho de: el número de ventas que tengo que hacer por hora, el número de artículos por venta, el valor del ticket medio y todos los totales del total de todo que tengo que alcanzar en las largas peonadas de Semana Santa, y mira, qué quieres, estoy allí sentada enfrente de ella con mi traje de teletubbie ¡a lo Dipsy!, pero me evado, por salud mental. Pienso en gilipolladas como esta de Google Maps, que calcula la ruta a pie, de Madrid a Myanmar, y tiene la consideración de avisar con un: "Ten cuidado puede haber errores o tramos no aptos para ir andando"

2344h.
97,66 días, si caminaras las 24 horas.
195,32 días, a una media de 12 horas caminando (lo que viene siendo una jornada de trabajo).

Muy fan de Google Maps.

También pienso en torrijas.

El resto de los números que escucho como de lejos me suenan un poco así


lunes, 23 de marzo de 2015

Where?

Qué grises los días. Qué poco tiempo para nada. Qué poco tiempo para todo. La rutina me apaga. Aprieto los dientes cuando pienso. Bato record Bite Force Quotien. Sólo la férula de Michigan lo sabe. Y sigo dejándome llevar como si no fuera yo lo que transporta mi cuerpo, como olvidándome de que vivo ahí dentro. Soy un tupper con restos, dentro de una bolsa de plástico verde.  
Estoy donde tengo que estar en apariencia. Suspendida. Colgada de un asa. Al vaivén de otros movimientos.
Definitivamente, no es sano para la alegría que no conjugue la vida en presente.

 

lunes, 19 de enero de 2015

Calma

Yo no sé qué tiene la nieve, qué tipo de tecla toca por dentro para que de repente; la ilusión, por el solo hecho de caer, por el solo hecho de estar pasando.

Ayer por la noche nevó en Madrid. Llegó  un mensaje de whatsapp avisando. L. y yo decidimos salir a la calle con la ropa encima de los pijamas. No sé si es el silencio que acompaña a la nieve. No lo sé. Es como si se abriese un paréntesis cargado de oportunidades. Es como si soñar y cumplir los sueños fuera posible.

Hoy dicen que es el "Blue Monday",  como antes de anteayer fue el día de la croqueta. El día de la croqueta seguro que también se calcula con  una fórmula matemática.

Busco destino para mis vacaciones. Hoy, que es el "Lunes Azul" y tengo croquetas en la nevera.
Voy a tomarme una cerveza para celebrarlo.
¡Salud!