viernes, 28 de diciembre de 2018

Un corazón late encima de la mesa

He tenido que tirar las regañás porque tengo que empezar a olvidarte.

Un corazón late.


jueves, 27 de diciembre de 2018

¿Cuándo? 1

¿Cómo se rehace una vida después de tantos años? ¿Por dónde se empieza de nuevo?

¿Cuándo se va la tristeza?
¿Cuándo empiezas a quererte de nuevo? 
¿Cuándo vuelves a creer en ti?
¿Cuándo empiezas a mirarte al espejo y deja de darte pena la imagen que refleja?
¿Cuándo dejas de forzar la sonrisa cuando te toca socializar?
¿Cuándo te sale la voz del cuerpo en su tono normal?
¿Cuándo dejas al despertarte por la mañana, y antes de ser plenamente consciente, de tener a la otra persona en la cabeza? Como si te pusieran un sello atraviesa frente con su imagen PUM!; derecha al pensamiento.
¿Cuándo asumes que la otra persona ha dejado de quererte en el modo que lo hacía y que no va a volver, jamás de los jamases- never, ever, ever,  en esa manera?
¿Cuándo te caes de la burra?
¿Cúando dejas de hacerte tantas preguntas?
¿Cuándo de revisitar situaciones compartidas y anteriores al momento 'muerte y destrucción', culpándote de algo?
¿Cuándo dejas de pensar que podías haber hecho algo para que no hubiera pasado?
¿Cuándo se deja de llorar en cualquier momento? ¿Cuándo puedes volver a salir a la calle sin que eso pase? ¿Cuándo dejas de salir a pasear cuando ha oscurecido y así nadie te ve? 
¿Cuándo dejas de forzarte a salir? ¿Cuándo volverás a salir porque en realidad te apetece?
¿Cuándo dejas de llevarte por la inercia en todo?
¿Cuándo vuelven los ojos a tener su tamaño normal? 
¿Cuándo los párpados? 
¿Cuándo el corazón? 
¿Cuándo me dejará de doler el hígado?
¿Cuándo desaparecerá este agujero en el estómago por el que me voy?
¿Cuándo volveré a dormir sin psicofármacos?
¿Cuándo la debacle emocional dejará de lastrarme el físico?
¿Cuándo me encontraré bien?
¿Cuándo dejas, al escuchar el ascensor subiendo del garaje y parando en tu planta , de esperar el sonido de las llaves en la cerradura? 
¿Cuándo dejarán los cajones y el armario de oler a ti?
¿Cuándo dejas de (no)dormir dejando el lado derecho de la cama libre? Y ahí sigue tu hueco.
¿Cuándo dejas de echar de menos su abrazo?
¿Cuándo dejas de esperar que llame por las noches, como siempre?
¿Cuándo dejas de esperar el primer mensaje de la mañana, que no llega nunca?
¿Cuándo dejas de buscar sus manos?
¿Cuándo se te olvida el tacto? ¿Cuándo la risa? ¿Cuándo la voz? ¿Cuándo el movimiento?
¿Cuándo dejas de idealizar?
¿Cuándo se pierde la dignidad del todo y como no te queda más, cesas por la falta de respuesta?
¿Cuándo te acostumbras a que no haya ninguna palabra cariñosa, para que no te confundas?
¿Cuándo se te olvidan las palabras de los días antes? ¿Cuándo dejas de recurrir para justificarte que no es posible al 'eres la compañera de mi vida"? Cuando poco después dejas de serlo ¿Cuándo poco después dejas de serlo?
¿Cuándo se borran tantos años, para no volver a ellos y hacerte sangre?
¿Cuándo dejas de pensar en cada pequeña cosa que haces, 'si estuviera ella..', ahí hurgando en la herida? Drama Mood
¿Cuándo lo superaré? ¿Lo superaré?
¿Cuándo dejas de sentirte sola?
¿Cuándo dejas de sentir tanta desesperanza?
¿Cuándo dejas de estar totalmente defraudada?
¿Cuándo se cicatriza?

¿Cuándo la casa no será sólo tu ausencia? ¿Cuándo volverá a ser casa sin ti? ¿Cuándo querré estar aquí? ¿Cuándo volverá a ser refugio? ¿Cuándo hogar?


¿Cuándoooooo?

(Con la respuesta a la mitad de las preguntas me conformo)




domingo, 17 de junio de 2018

Cáscaras

No soporto que en una comida o una cena informal se parta la barra de pan con la mano.
No soporto que nadie se corte las uñas, cortaúñas o tijera, en mi presencia. Detesto el sonido, porque debería ser algo íntimo y jamás compartido, pero no todo el mundo lo sabe y aún no sé por qué. No en mi presencia, por favor.
No soporto las limas de uñas, y si te limas las uñas y no me preguntas si me molesta, tú y yo, jamás compartiéramos nada relevante.
No soporto que se fume en el cuarto de baño.
No soporto la gente que retira la comida de un tenedor o una cuchara como con asco, dejando restos cada vez que lo lleva a la boca y los restos de vuelta al plato. Me da grima. No soporto la gente que no lleva el tenedor o la cuchara a la boca sino la boca al tenedor o la cuchara. Odio ese gesto de agachar la cabeza.
No puedo con la falta de educación, pero nada en realidad de todo lo que no soporto, que cada vez son más cosas con los años, es importante.

Somos cáscara, envoltorios, y lo realmente importante es lo que pasa por debajo de eso. Este envoltorio estará toda la vida. No fallará, lo sabemos, es la única certeza. Fallará el maravilloso mecanismo que mantiene el envoltorio.  Rasca, solo tómate el tiempo de rascar y verás las debilidades. No debería valer que contemos cuando no podamos más, que dejemos salir nuestro ser real, nuestras neuras,  hipocondría, lo que nos hace no dormir o despertarnos a las seis de la mañana y no volver a conciliar el sueño cuando estemos al límite. Hay algo en un momento determinado que nos hace pensar que estamos perdiendo la cabeza. Hay algo muy irracional en el dolor físico, en la idea de estar perdiendo la salud, sea así o no sea. Hay un tránsito de la incertidumbre a la confirmación científica  o no, de nuestros peores premociones que nos hace agarrarnos a la vida y desear incluso que alguien se corte las uñas en nuestra presencia.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Garrapiño

3 de septiembre del año 2017

Me ha costado llegar hasta aquí, pero vengo llena de amor y de cerveza, no sé de qué más. Cerveza no puedo con más, pero siempre siempre hay un hueco para el amor del tipo que sea. ¡Bienvenido, amor!, cuando quieras llegar más aquí estoy.

Hoy es el cumpleaños de E. ¡Hola, mi querida germana mayor! Muchísimas felicidades en tus 46, en breve yo 44. Nos volveremos a llevar 2 años y dos semanas. Hoy me quedo con tu abrazo, aparentemente tan frágil y tan fuerte y tan frágil y tan fuerte y tan frágil y tan fuerte que te voy a querer siempre. También me quedo con la fiesta que me hacen S y E, cada vez que me ven y con T, con quien jamás pensé que iba tener la relación que tengo. Ya dije que vengo llenar de amor, y si sigo escribiendo me salen garrapiñadas las letras.

El verano ha sido un infierno, y del último año no sabría qué decir, que ha pasado sin más, no siendo poco, ahora que lo pienso,  poder escribir esto.

Vengo con los ojos llenos de brilli brilli, luces rojas, verdes y amarillas, tómbolas, bingos, algodones de azúcar, coches de choque, despacitos y todo eso, aturdidos los oídos, pero tranquila ( o no) y feliz. Feliz de haber podido pasar esta tarde un año después con los mismos que estábamos entonces.

Me da un poco de miedo mañana y creo que es por eso que no duermo bien últimamente. No llenar suficientemente las expectativas de alguien es algo muy desasosegante, pero debe ser un mucho cosa mía eso de no verter en el resto, al menos no siendo consciente, todo lo que espero de la vida y que tú o los demás no me dan. Creo que no es muy justo, del mismo modo en que creo que cuando se exige/pide algo a alguien primero tienes que estar segura de que estás dando todo lo que pides/exiges sino de qué. Pero yo venía aquí llena de amor y no me voy a desviar,  como palmeras de hojaldre con azúcar, mientras pienso también que es tarde para solucionar nada, hoy ya no, y que volar lo que se dice volar...


sábado, 3 de septiembre de 2016

Cumpledías

Hoy es el cumpleaños de, E. ¡Felicidades E., germana querida! E., que lleva un año de lo más puto y que ella no lo sabe o no se lo cree, aunque yo se lo repita, pero es un ser maravilloso. E. que de no haber sido mi hermana y de haber coincidido en el espacio tiempo, sería mi amiga y yo sería la suya. Y como el mundo es tan grande y vete tú a saber, lo que tengo que estar es eternamente agradecida a la naturaleza, al azar, por decidir que ella sea ella, y después ponerme a mí en su línea de la vida. Así es. ¡Gracias universo! ¡Gracias espacio sideral!

Este fin de semana, A. está en casa. Y todavía queda un camino muy largo de rehabilitación en el Centro para Daño Cerebral Adquirido, pero si echas la vista atrás...buff, si echas por un momento la vista atrás, a un mes y medio o dos meses, pues no te crees el panorama de ahora, pero es. Así que hoy celebraremos la vida. Esa cabrona que a base de hostias,...pues todo. Esa gran sin sentido. Y a pesar de todo la vamos a celebrar, ya me dirás si se ha visto con cualquier otra cosa algo igual. No, ¿verdad?. 

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Estoy dejando para mañana lo que tendría que hacer hoy, procrastinar, lo llaman. A mí la palabra me gusta más bien poco, pero es lo que hay. Así llevo dos meses o tres o cuatro, qué más da, es solo tiempo. Procrastina® sería un buen nombre para un medicamento, yo estoy en la pauta más alta, si me descuidas casi con dosis experimentales, por encima de las que se han probado en los Ensayos Clíncos, no sé todavía cuales van a ser los efectos secundarios de todo esto. Lo que me produce la Procrastina® es una despreocupación total, absoluta, de todo lo que no me parece en este momento importante, que es lo mismo que nunca me ha parecido importante, pero que antes me preocupada. Ya saldrá el sol por donde sea, lo mejor es que la Procrastina® no produce reacciones de fotosensibilidad y el sol me puede dar de frente, de costado o incluso la espalda. Ya veremos.

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Hoy estoy un poco así (y ya me va bien):

martes, 19 de julio de 2016

martes, 21 de junio de 2016

martes, 7 de junio de 2016

jueves, 14 de abril de 2016

"Dulce introducción al caos"

Odio el olor del jabón antiséptico que contienen los dispensadores, de la habitación y el pasillo, y lo pegajoso de las manos.
Odio el piloto de encendico de la tele cambiando del azul al naranja intermitentemente durante toda la noche, sin posibilidad de poder desenchufarla, salvo arrancando el panel que cubre los cables y luego los cables. Un día...
Odio los ascensores del hospital, la gente apelotonada en la puerta, la mala educación, las mismas conversaciones sobre que si se borran las plantas seleccionadas si bajamos. El "qué me va a contar a mí si llevo aquí un año" o cosas similares. Odio también a todos a los que no silencian los móviles.
Odio el sensacionalismo  de los familiares que buscan conversación en los pasillos para contarte lo peor de lo peor, todo desaliento. Odio decir que a estas alturas huyo de eso y solo miro de frente, no a los lados.
Odio a todos a los que habéis votado al PP y todos los recortes en sanidad que eso nos ha traído. Os deseo una estancia larga en cualquiera de los hospitales públicos para que lo viváis en primera persona. Después, si eso, seguid votándoles.
Odio tener que haber aprendido que si algo va mal, primero tengo que comprobar que todo está conectado y después que lo está donde tiene que estarlo, y luego ya si está todo correcto, pulsar el botón rojo. Odio tener que reconocer que si yo tuviera ese tipo de despistes en mi trabajo, me costaría algo más que el puesto, a lo mejor una vida, pero yo no soy funcionaria.
Odio la desorganización, y a los neurocirujanos, esos dioses con pies de barro de ego enorme, a los que en tres meses no he visto ni coger un fonendo. Son capaces de hacer una operación de la leche y dejar que te mueras por una complicación menor.
Odio saber que no les valoran por la atención al paciente, y si te mueres pues te has muerto, peor para ti.
Odio que no exista una Unidad de Cuidados Intermedios en todos los hospitales y sentir que estaríamos vendidos si no fuera porque un médico intensivista, que sabe todas las carencias que existen aquí, se ha ocupado de que te asignen un internista.
Odio el sonido del carrito, y los pasos de los auxiliares y los celadores, por el pasillo.
Odio la imposibilidad de tu descanso, y a las enfermeras encendiendo las luces, todas las luces, como una feria, de madrugada. A la 1:00, a las 5:30 y  a las 7:00, antes del cambio de turno.
Odio los fines de semana y los festivos, donde hay aún menos personal que está saturado de trabajo y todo son prisas y despistes. No enfermeis jamás en esos días.
Odio ver desde la habitación el ala de esta séptima planta destinada a la Unidad de Ictus, y que haya movimiento por las noches. El sonido de las camas en el pasillo, los sollozos de los familiares desapareciendo de mi campo visual conforme se van derrumbando, literalmente. Ayer murió alguien. Sacaron primero la cama de la compañera de habitación. A la hora sacaron la cama de la persona que murió cubierta con la sabana. En menos de una hora pasaron a limpiar la habitación. Eso es todo. Toda una vida desinfectada.

Odio no haber sido capaz de pensar en música hasta hace un momento. No cantar hace tanto tiempo, algo como esto a grito pelado, que puede ser lo último (es lo último) que cantamos en el coche, hace más de tres meses.
Nos sigue sin salir la voz del cuerpo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Esto también pasará, E

A la una del mediodía se nos había olvidado cambiar el mes y el día en esa cartulina que desde hace 20 días permanece pegada en la pared, a los pies de su cama. La misma cartulina que ha estado durante un mes en la UCI. El día y el mes sujetos con cinta adhesiva decorada con hipopótamos de colores (del mismo modo en que pende la vida), para por si acaso en algún momento tuviera el suficiente nivel de conciencia para saber en qué día vive o siquiera si es de día o de noche. 
29 de Febrero era hoy, todavía, a la una del mediodía. Arrancar el día y el mes pensando que la última vez que nos reunimos todos, tal como eramos antes, fue el 31 de diciembre. Entonces brindábamos con un cava especial que él, siempre tan detallista, había traído para la ocasión. Brindábamos entre risas; alegres por tenernos, por estar, por poder juntarnos como tantas veces. Brindábamos, por éste año bisiesto que nos íbamos a comer. Qué ignorantes. Qué infelices ignorantes. La realidad es que es el año el que nos está devorando.
La vida es una mierda. Una grandísima mierda traicionera.  Hoy me gustaría escribir sobre las mismas gilipolleces de siempre: que si me quiere que si no me quiere que si se va o se queda, sobre el trabajo, el cansancio, sobre sueños que no consigo porque no me propongo, sobre si era feliz o dejaba de serlo, sobre ese pozo de insatisfacciones en que transformamos la vida cuando lo tenemos todo. Esas mismas sobre las que me lamentaba en mi plácida vida cuando el 11 de Enero sonó el teléfono. El día antes había quedado para comer con ellos, diluviaba y al final me quedé en casa, ahora lo lamento. Un día después no saber si A., iba a seguir siendo, después no saber si A. va a volver a ser A. Después de todo este tiempo: impotencia, incertidumbre, angustia, miedo, desesperanza, desolación, una pena negra y profunda. No saber, lo peor es no saber. Se terminan los recursos para sostener a E, pero aún así hay que buscarlos, inventarlos a diario. La vida sigue. No se para nada ahí fuera. La empatía desaparece con el tiempo. El hombre es un lobo para el hombre. El tiempo va colocando a las personas en su lugar. Una no sabe cómo seguir levantándote, E. Esa sensación tan frustrante de no poder hacer nada más que estar como estamos. Esa sensación aún más frustrante de no poder estar físicamente a todas horas porque la vida, aunque todo lo demás ya no importe nada, sigue. Cómo suplir la ausencia de un padre, cómo hacer que N y J, no sufran. El dolor de mirarles, el teatro de que no está pasando nada, el querer protegerlos por encima de todo. Cómo serán ellos después de esto. Cómo conseguir que sigan siendo niños felices. Es todo tan descorazonador, tanto...
Agarrarse a la mínima esperanza, y no caer aún más cuando E. cuenta que aún hoy en ese corto espacio de tiempo que separa el sueño de la vigilia, antes de elaborar cualquier pensamiento, cree que su vida, la de A y la de sus hijos sigue siendo la de antes, que nada ha cambiado. Después, el hachazo.
La vida, esa gran cabrona, esa fiera sin escrúpulos.