viernes, 21 de noviembre de 2014

Life is good

No hace ni cinco minutos (puede ser algo más) que por fin he vuelto a casa. Puedo decir que estoy hasta el ñoco, directamente. Que no puedo con más semanas interminables de 14 días. He vuelto a perder el objetivo,  a día de hoy no sé cómo alcanzarlo, se me hace lejano.... y ni siquiera tengo ideas, no lo veo, y en eso se me va todo. Pese a este deje de pesimismo, hoy en general he sido feliz, he estado contenta, Los días (hoy) me pasan de otra manera si se que después está Y. ¡Cuánto tiempo (por falta de tiempo) retrasando el encuentro con ella!  Cuánto en tan poco tiempo, también.
Estoy fumando, sin ganas, por hacer algo en este momento que no sea solamente escribir aquí, sin saber muy bien por qué, hasta que la casa se caliente. Las noches son frías últimamente, cortas, de pesadillas e insomnio, de falta de abrazos, de caricias, de proximidad y no lo digo, no se lo digo, pero la soledad me pesa. Tengo frío en este veroño.
La gente sonreía en la Latina y en Huertas, el alcohol nos hace sonreír. También hay quien hemos llorado a palo seco, abrazándonos a quien queremos bien hace muchos años, confesándonos inconfesables que jamás nadie sabrá
Ayer tuve una mala mañana, porque hay cosas por las que no quiero pasar, pero pasé, pero tengo claro que no quiero volver a pasar. Ese tipo de cosas que no he contado mas que a Y., porque no quiero reconocerle a nadie más que me he vendido y me da asco. Mi naturaleza me hace no buscar confrontaciones, pero mi naturaleza también me hace no ser capaz de renegar de quien soy, cómo soy y lo que soy. No quiero venderme. No voy a pasar por más aros. Me enfada, mucho, muchísimo. Me dan ganas de vomitar y vomité ayer. No va a venir nadie a decirme ahora que tengo que ser la Señorita Pepis para continuar en mi trabajo. Me la suda /me lo suda todo mucho, en general.  Nadie más que yo sabe cuánto. Daría un golpe de estado en este momento, y enviaría muy lejos todo, sino fuera por que de eso no solo dependo yo. Será en algún momento que cada quien quede en su sitio.
En general, estoy muy harta de la mediocridad, de la falta de legalidad, de que bailes de agua, de lo gris, de lo gris, de lo gris, de lo gris, de lo gris, de lo gris, de los grises, las grises, los grises, las grises, los grises, las grises. Las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises, las grises...

Quiero color. Bailar. Vivir. Ser. Estar. Bailar. Bailar. Bailar. Bailar. Bailar. No voy a poner color en la vida de nadie que no tenga ninguna intención de ponerlo en la mía. Así.
Y en el camino de vuelta, esto, también:

Otro día cuento lo bueno.

martes, 16 de septiembre de 2014

Pilas alcalinas

Hoy no tengo mucho el día. Esta conjuntivitis, de manual de medicina,  me hace ver la vida como a través de una lágrima densa y detenida que no cae nunca,  no ayuda. Tenía cosas pensadas para hacer cuando salí del trabajo, pero al final lo básico, lo imprescindible. Llenar la nevera para los siguientes diez días de trabajo que aún quedan por delante. Comprar rápido, siguiendo la lista, sin detenerme a pensar. Nada de compra por impulso. Estoy contenida.
Pienso en hacerme un regalo, pero aquello que quiero hace tiempo ya no tiene sentido. Me gustan mucho los relojes o me gustaban, porque ahora pienso que nos esclavizan. Me fijo en las muñecas de la gente, un reloj es como un grillete que nos encadena a las rutinas. Me fijo en mis muñecas. Sólo dos pulseras de cuero en la muñeca izquierda; una con más de diez años comprada en Sitges cuando mi vida era S.; la otra traída de Baleares hace un par de veranos, a veces la miro y pienso que no debería llevarla, porque fue un regalo hecho con un amor que luego yo traicioné, desprecié, no sé por qué de aquella manera, aún así la llevo. Así tampoco se me olvida lo que puedo llegar a ser.
Miramos los relojes para no llegar tarde al trabajo, para calcular, por ejemplo, si tenemos que correr para no perder el autobús. Odio el ritmo de Madrid, y verme absorbida por él. Como si me hubiera rendido y sucumbido a lo que no quiero. Me veo corriendo como el resto, como si en llegar 10 minutos antes a casa me fuera la vida. Cuando la vida sin darnos cuenta se nos va precisamente en eso. Eso de lo que me reía después de tanto tiempo fuera de aquí, pues eso, soy yo también ahora. Hace más de seis años que no utilizo reloj. Se fueron gastando las pilas de los nueve o diez que tengo y no las repuse, se quedaron los relojes detenidos y olvidados en cajones. Los ritmos en Badayork eran otros. Aquí vuelvo a ser de nuevo una esclava del tiempo. No llevo reloj, pero si una bola con una cadena en cada tobillo. Aquí las pilas que se gastan todos los días son las mías.

Sigo pensando qué regalarme. Por no tener, no tengo hecha ni una lista de libros que quiero leer o de música por escuchar o películas por ver o de conciertos a los que ir u obras de teatro que no quiero perderme o de todas esas cosas que me gustarían, me gustan o me gustaban. Cosas simples y sin mucho valor, escritas rápido y casi inteligibles, son las que llenaban esas listas otros años.  Cosas o ideas que poblaban mi imaginación, ahora un poco desierta. Me parece triste.
Mi hermana T. me llama y me envía más mensajes por whatsapp estos últimos días. Y no lo dice, pero es seguro que está preocupada. En mi familia no nos decimos estoy preocupada por ti, estamos más y punto.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Horóscopo

Dice mi horóscopo esta semana que es posible que quiera cambiar de gafas para seguir las tendencias de la moda. No sé quien ñoco se encarga de escribir la sección de horóscopos. 
Si fuera yo quien lo escribiera diría que:
Es posible que en lo único que pienses cuando llegue el fin de semana sea en dormir y echarte la siesta. Dormir, vaya.  Descansa. Haz caso a tu cuerpo que es sabio. Si sales el sábado volverás a casa, y te dolerá hasta la uña del dedo gordo del pie izquierdo. Te sentirás sin energía. Mayora. Volverás convencida de la reunión con tus hermanas que lo mejor que puedes hacer es invertir en conseguir tu objetivo, en vez de gastarte la pasta  en una FIV, sólo porque estás cerca de los 41 (e Y, está en ello,  E. está en ello, C. está en ello),  y jamás antes te habías planteado la maternidad. Bueno, sí, en una ocasión, pero te llovíó del cielo un adolescente de 15 años, con un trastorno disocial,  y una poca de esquizofrenia mal medicada, y después de ahí nunca máis te lo volviste a plantear. No te viste capacitada. No lo olvides.
Si bebes vino en la comida, te dolerá la cabeza. Te parecerá a la vuelta que vives en el fin del mundo, pero no, pero casi. Tendrás tentaciones de hacer una llamada y prolongar la noche, pero no la harás porque podrías complicarte la vida y ahora no estás para eso. No compensa.
Pensarás que la luz de septiembre es espectacular, como más blanca. Te gusta la luz de septiembre. En general, te gusta septiembre, pero lo flipas estos últimos días con la luz. Lo verás todo más blanco pese a que la pérdida de agudeza visual en el ojo derecho vaya en aumento. Pero la pérdida de agudeza visual no está reñida con el blanco. El blanco es blanco siempre.
No tendrás planes para el domingo mientras escribes en el blog, aunque te rondarán un par de ellos que no has concretado. No te gusta decir sí, para luego decir no. Te debatirás entre la siesta y los planes. Sólo el domingo sabrás qué pasa.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Sorpresas

No recordaba cuando fue la última vez que alguien me dio una sorpresa que me hiciera llorar de alegría. Y ayer fue. Alcé la cabeza, miré por encima ( o a través o ni sé) de la persona a quien estaba terminando de cobrar, para dar los buenos días,  porque había entrado alguien y me quedé con el buenos días en la boca.  Allí estaba G. Mi G. Hecho todo un dandi, como siempre, con una de sus preciosas gorras, su barba perfectamente recortada, su sonrisa blanca, generosa, su mirada noble y clara. Salí corriendo de detrás del mostrador. Me abracé a él, sin creerme que estuviera allí. Un abrazo largo, sentido. Se removió todo por dentro, como si fuera el gran amor de mi vida, que también lo es. Se me saltaron las lágrimas de alegría. No pude dejar de abrazarle en un rato largo. Le quiero tanto...tantísimo...Más de un año sin vernos es demasiado tiempo. Eso sí, no le perdono que no haya avisado para haber podido cambiar el turno con alguien y pasar más tiempo con él, aunque la sorpresa ha sido mayúscula, maravillosa. Tanta alegría me dio como rabia no haber podido irme de su mano en ese momento. Tantas cosas de que hablar con G., que como Y., está reñido con las nuevas formas de comunicación: son escuetos en los whatsapp y enemigos declarados de las redes sociales. Ellos dos que son dos grandes conversadores. Cuánta ilusión de golpe. Cuántos sentimientos. Mi amigo. Mi compañero de fatigas y alegrías. Lo mejor que  conservo del oeste. Lo mejor en muchos años.
Toda la tarde hoy con él, y con toda esa gente maravillosa que le rodea. 
Si hoy me preguntaran qué es la felicidad, diría que es estar con G.

Lo que nos comemos el tarro pensando qué será mañana, cuando lo importante es hoy.
Somos presente. 





sábado, 6 de septiembre de 2014

Cosas que no soporto 2

No soporto a las personas que para explicar algo, dan infinitas vueltas y utilizan todo el vocabulario que conocen (sea poco o o mucho). Me parece de una falta de inteligencia tremenda no saber concretar en pocas palabras. Me aburre sobremanera la verborrea. Mañana trabajo doce horas con el tontolapolla del gerente, y es ese tipo de persona. Ese tipo de persona a quien le encanta escucharse, y claro, no escuchan.
Me cansa escuchar hablar a alguien, explicando una gilipollada detrás de otra como si hubiera descubierto la penicilina o como si fuera él quien estuviera entendiéndolo cuando está hablando. Es que creo que es eso último. El caso es que no aguanto que se haga como una tesis doctoral para todo. ¡Y no me puedo ir ni cortar el monólogo ni decir cuantísimo me aburre!. Así que o asiento, "sí, sí, sí ", en un tono cansino, para que calle. El problema es que de esa manera no le convence, porque no quiere que le dé la razón sin haber entendido ¿sin haber entendido qué, tontolapolla consorte, que vienes del sector de la construcción y no tienes ni idea de éste? Lo único que quiero en esos momentos es que se calle. Solo un poco de silencio. Vamos a jugar a callarnos, venga. Si por el contrario no asiento porque me infla las narices y además hay temas en los que no puedo dársela, para qué queremos más, entonces no tiene fin, y al final volvemos al "sí, sí, sí" cansino, y vuelta a empezar.
No puedo con el plastismo.
Abúrreme, pero no me canses.
Y sí, estoy encabronada con trabajar mañana. Y sí, también son un poco las hormonas.

Señó, dame paciencia y mantenme lejos de los cutters afilados. Sobre todo lo último.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Objetivo

Desde la semana pasada tengo un objetivo, eso me hace llevar las cosas que menos me gustan de mi vida con mejor talante, porque pienso que voy a ser capaz de cambiarlas. En realidad, no sé aún de qué modo voy a lograrlo, porque tengo unas cuantas ideas u opciones posibles que podrían llevarme a conseguir lo que quiero, pero siendo posibles no me garantizan el éxito. Lo bueno es que no es imposible ni las opciones están fuera de mi alcance. Solo requieren esfuerzo, sacrificio tal vez (seguro), y tiempo. No pretendo gran cosa, sólo es algo que me hará: estar más contenta con una parte mi vida, ser menos gruñona, quejarme menos. Nunca me ha gustado la gente que se queja y no hace nada por cambiar la situación. Ya ves, justo lo que yo llevo haciendo tanto tiempo. 
El objetivo es algo que llevo años planteándome, pero que las circunstancias me han hecho dejar de lado en muchas ocasiones. Unas veces porque una entra en unas rutinas de mierda que te anulan, y pasas los días como un hámster dando vueltas a la misma rueda, pero sin ningún sentido, sin plantearte que hay vida más allá de la rueda-rutina, que la vida,  la parte de la vida relacionada con las obligaciones no tienen por qué ser eso. Otras veces porque la vida viene como viene y se tienen unas (aún más) responsabilidades: una casa que pagar, deudas ajenas, hay que comer, pluriemplearse, y todo lo demás. Alguien tiene que sacar a flote el barco. Y sí, seguramente habré hecho más fácil la vida de alguien con mucho gusto, por cierto, pero creo que es el momento de pararme y empezar a pensar en mí también. Es ahora o nunca.

Hoy el esbozo de nutricionista, ha usado la Tanita (analizador de composición corporal) conmigo. El resultado ha sido más o menos el que esperaba. He perdido más peso desde que llevo en su chiringuito, y soy toda fibra, ¡oiga!. Traducido: estoy peor que con la explotadora anterior. No me gustan los empresarios madrileños, los de mi sector. Me acuerdo mucho de Isabel, mi jefa en Barcelona. No sé si alguien en alguna ocasión le habrá agradecido, yo lo hice en su momento, no como para quedar bien si no porque en realidad tengo/tenía mucho que agradecerle. Un día de estos debería decirle todo lo que el paso del tiempo me ha hecho valorar aún más esa época trabajando con ella. Lo que aprendí de esa mujer emprendedora, innovadora, con ideas, sensible y tan humana. Un día... A lo que iba de la Tanita, y el sieso esbozo de lo que sea, Tanita ha determinado que tengo una edad metabólica de 25 años, ¡toma ya! (JAA). ¡Que me zampo el objetivo en menos de nada!

L., se ha vuelto a ir. Esta vez casi lo he agradecido, porque no pego ojo cuando está ella y necesito dormir. Voy cansada, y no, no nací así. Tengo mis manías a la hora de dormir, y las suyas son todo lo contrario. El día y la noche, en todo: orden/caos, planificación/improvisación, atención/despiste, perfeccionismo/ descuido, para qué seguir. La cosa es que aquí seguimos. Bueno, ella hoy, un poco más allí.

"Cómo fue"

(Creo que ha debido hacer esfuerzos, la colega, para hacer un montaje de imágenes tan horroroso, y sin pies ni cabeza, pero es la única que ha subido la canción. Dan ganas de tirarla por el acantalido u obligarle a hacer la croquetilla bajando las escaleras de la casa del Señó, como penitencia. El comienzo ya promete, pero me puede lo que me gusta esta versión de la canción. Así que, ahí va, sin anestesia. Bueno, con una poca - lo he estrechado -  porque la falta de estética me supera)

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jueves, 28 de agosto de 2014

Hace calor sin contemplación

Este final de agosto está trayendo todo el calor que no ha hecho el resto del verano. En el lugar de trabajo, aborrezco: el uniforme de teletubbie (verde a lo Dipsy), la manga corta, la manga larga, el pantalón cien por cien fibra sintética, las puertas abiertas, y el aire acondicionado que no da abasto.

Me estaba dejando el pelo largo, pero la peluquera me acaba de desgraciar. La idea y la intención, aussi. Para otra vez, supongo.

Mañana es viernes, y planes, pequeños planes, de esos para los que no se necesitan grandes preparativos, nada más que dos, y las ganas, y la intención de estar bien y reírse. Siempre me lo he pasado muy bien con L., menos en las épocas malas, claro, que también ha habido. Es una de las personas que más me han hecho, y hacen, reír. Es por eso que fue escucharla reír situada delante de mí, dándome la espalda (bueno, también por el porte y la prestancia) para saber que me gustaba, y que aquella noche la tenía que conocer sí o sí, luego ya, vino todo lo demás. 

Su risa.

Septiembre a la vuelta de la esquina. Siempre me ha gustado septiembre, porque en mi familia es un mes de celebrar la vida. El cumpleaños de mi madre, una hermana, un sobrino, el mío. No sé si quiero que llegue otoño, que se sigan acortando los días, pero espero lo que tenga que venir con ilusión.

S. viene a Madrid. Tengo ganas de verla. También de escaparme a Barcelona y devolverle la visita. A veces, pienso en mi vida en Barcelona, no es que la eche de menos, pero la recuerdo con ternura. Mi vida en el oeste, después de todo, la recuerdo con alegría y con mucha vida social, también con un poco de desfase y mucha agua de los floreros. Si alguna vez tengo que recordar mi vida aquí, no sé cómo lo haré. Hoy diría que con mucho amor. Se me ha ido toda la mala leche reconcentrada que tenía estos días. ¡Lo que son las endorfinas!









jueves, 21 de agosto de 2014

Cosas que no soporto 1

No soporto que la gente se corte las uñas en mi presencia. Se me llevan los demonios. Creo que es algo que hay que hacer en privado, en el cuarto de baño,  aunque la vida me ha demostrado que ese es uno de mis credos, pero no el de mucha gente.
Todo a cuento de que " el gerente" (que le dan a un tonto un cargo y ya sabemos, pero eso es otra historia, y no quiero salpicar con bilis la pantalla, más) hoy se ha sacado un cortaúñas, tamaño pedicura, del bolsillo derecho del pantalón vaquero, y no ha procedido a, pero me ha dicho mucho sobre él, y me ha hecho preguntarme: ¿qué tipo de persona lleva un cortaúñas en el bolsillo del pantalón? ¿en qué momento en el tiempo que ha estado fuera de su casa ha procedido a cortarse los mejillones? ¿en el transporte público? ¿por la calle? Ya no le quito la cruz para los restos.

Estoy cansada. No duermo bien. Ayer, a las 3:43 a.m., fumaba, a oscuras, sentada en este mismo sillón. A veces, funciona, ayer no. A las 7:30, era una uberwalking dead con los ojos inyectados en sangre. Colirio descongestivo, ducha, zumo de naranja, cigarro.  Resultado: globos oculares blancos, mismo sueño y mismo cansancio. Todo el día por delante. Desear que el día no fuera. Pensar en dormir. Dejarse llevar por la inercia. Coca-Cola desde las 9:00 de la mañana.
No tengo tiempo. Ni vida ni vida interior. Mal humor que solo me permite pensar en hediondeces, del tipo: cosas que no soporto.
Agosto se me está haciendo eterno. 
Agostamiento.
Ven ya, ¿no?

lunes, 18 de agosto de 2014

Bailar

 1. intr. Ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies.
 4. intr. Retozar de gozo


Me hablan desde el norte, de las picadura del pez escorpión. De una isla, en el este, me llegan imágenes de playas preciosas. Del este también, tierra adentro, piscinas naturales, y los rizos de un alguien a quien quiero mucho, muchísimo. Del oeste, el eco del calor, y un echarse de menos grande, del que no tengo foto, pero que petaría la memoria del móvil. Del centro no llega nada, porque Madrid está vacío, y a pesar de eso sigo sin encontrar mis tobillos. Aquí seguimos unos pocos como los walking dead, os habéis ido casi todos, cobardes. En vuestra ausencia, las hormigoneras y las obras varias, nos invaden. Tratamos de resistir como podemos, pero no sé si seremos capaces de evitar la invasión o dejaremos que hagan con la ciudad lo que les de la gana, que al final... Somos pocos y nos deslavazamos un poco más cada día. El calor vuelve a ser como una apisonadora. Y sí, me dais envidia.

Mientras, pese a todo,  canto esto una y otra vez. Que el fin del mundo me pille bailando, en la acepción número 4, ya yo acompaso el cuerpo, si eso.


sábado, 2 de agosto de 2014

Quiero ser éxodo

Cuando el autobús sale del túnel a las 21:57, ya ha anochecido. Lo ha hecho antes. El anochecer sucede entre las 21:40 y esa hora, cuando estoy en el subsuelo, en las tripas de esta ciudad, engullida por el metal; chirriando igual que él. Digerida. Alienada. Entonces, tras mirar la noche y sorprenderme de cómo se acortan los días, apenas miro a través de las ventanillas porque el camino ya me es tan conocido, que sé a qué altura estamos por los dos o tres baches que hacen que levite momentaneamente encima de mi asiento. Duele al caer como si te devolviera de las ensoñaciones a la realidad de hoy. De  frente, sólo los faros de los coches entrando en Madrid. De vez en cuando me pregunto cómo será la vida de los  habitantes de esos edificios que al asomarse a la ventana ven ese páramo gris, y el tráfico incesante. Ellos puede que también se pregunten sobre las vidas grises de todos los que vamos o volvemos en las orugas verdes.

Hago una llamada. No tengo respuesta. No insisto. Envío un mensaje (sms), que será leído tarde en su destino. Cuando sea leído ya estaré en otro momento, con otra disposición de ánimo, es posible que haya perdido todo sentido: el sms y yo. Da lo mismo.

Llegar a casa, encender las luces, abrir todas las ventanas para que la casa respire, soltar la bandolera encima de una silla, ponerme una Coca-cola con mucho hielo, descalzarme, dolerme de los tobillos deformados después de 12 horas de pie, fumarme un cigarro sentada. ¡Por fin! Pensar, pensar, pensar. Repensar lo pensado. Sin intención de llegar a ningún lado. No hay disposición.

La cena de hoy, la comida y la ropa de mañana. Darme una ducha para quitarme el día de encima que se va por el sumidero. Ponerme ropa cómoda. Fumar de nuevo. En silencio. Sólo las voces de los niños aún jugando en el parque. Una moto que pasa. Algún coche. Los tacones de la vecina de arriba. El ventilador del pc. Los sonidos de la casa.

Qué largo va a ser este agosto en Madrid.
Hoy, ésta canción en loop que también podría ser cualquier otra. Da lo mismo.