martes, 29 de julio de 2014



CUESTIÓN DE QUÍMICA

Ya sabes cómo somos las grasas saturadas,
parecemos estables, satisfechas
con nuestra fórmula molecular,
a grandes rasgos dignas de confianza.
Pero -siempre hay un pero-
al entrar en contacto con el aire
y, sobre todo, con el transcurrir
del tiempo y la rutina,
se nos rompen los dobles
enlaces de carbono y el oxígeno,
que ocupa su lugar,
nos vuelve impredecibles y nos desequilibra.

El proceso se llama "enranciamiento".
-No quiero que te pueda
parecer una excusa-.
Y deja siempre un mal sabor de boca.

(de Óxido, Pre-textos, Valencia, 2008, p. 24, Premio Internacional de Poesía Gerardo Diego )

sábado, 5 de julio de 2014

Dragones


"Fairytales are more than true: not because they tell us that dragons exist, but because they tell us that dragons can be beaten."
G. K. Chesterton
(Y aquí seguimos tratando de derrotar a los dragones.)

Mientras, el lunes me voy a la playa, porque al final siempre está el mar, y  si los dragones bebieran agua salada, todo el mar nos les cabría en la barriga.



lunes, 23 de junio de 2014

Poca cosa

A esta altura de la semana estoy muy cansada. Esta mañana pensé que no sería capaz de arrancarme de la cama, y luego de levantarme del sofá en el que me senté al poco de levantarme, y después de salir de la ducha, y más tarde de moverme hasta el transporte público (en realidad, iba arrastrándome por dentro, pero muy digna por fuera). Me hubiera quedado sentada en al autobús (el mismo asiento, todos los días) haciendo una y otra vez el recorrido. No acabo de entender por qué las escaleras mecánicas en el metro tienen fin, los domingos o los festivos, también me hubiera quedado en mi peldaño, subiendo y subiendo, doce horas o una jornada laboral. El caso es, que al final he podido todo eso porque no había otra. No termino de acostumbrarme a trabajar los días en que la mayoría de la gente descansa. Me doy una pena tremenda, sobre todo los domingos o los festivos, en que vamos solos el conductor del autobús y yo. El conductor me da muchísimas más pena. Los sábados es otra cosa, y no solo me doy pena yo (y el conductor), si no toda esa gente, la mayoría mujeres, en una proporción 10 mujeres por cada hombre, que como yo va a trabajar. 
Las semanas han pasado a ser de trece días, y a esta aún le quedan cinco por delante. Me gustaría hacer muchas cosas, pero no tengo tiempo. Lo poco que planeo se desbarata por la improvisación en los horarios en el nuevo trabajo.

Últimamente me pregunto, cómo será trabajar de lunes a viernes. Es que no lo sé. ¿Cómo es?
Ayer por la noche dormí fatal, estaba tan nerviosa que daba botes en la cama, después soñé con cucarachas. En el sueño, estaba en la casa de Badajoz,  las pisaba y no me daba grima o esa palabra que no encuentro para describir las sensaciones que me producen,  pero justo cuando  estaba siendo consciente de que estaba venciendo la fobia, empezaron a volar. Me he despertado a las 6:19 porque no lo he resistido. Luego he estado en un duermevela, hasta que me ha dado un tirón y se me ha puesto el gemelo debajo de la axila, casi.

Ayer me notificaron las vacaciones. Las empiezo en cinco días, y todavía no sé ni el destino. Norte, sur u oeste. Dudo entre tres sitios, los tres con playas preciosas rodeados de sitios con más playas preciosas. No sé si me apetece mucho calor, la verdad, pero tampoco me apetece lluvia e ir al norte es jugársela. En el fondo me da un poco igual, solo quiero conocer sitios nuevos. Coger el coche y recorrer la zona a la que vaya. Tomar una cerveza helada con unas patatas fritas mirando al mar, después de haberme bañado en él, me parece lo más cerca del paraíso que se puede estar. Así de simple. Ayer por la noche casi gana el oeste, porque me recordaron el arroz caldoso portugués. Hubiera dado lo que fuera por estar en la Marisquería  Lusitânia de Elvas (¡ay! Eso es trampa.). Seguir después el camino porque al final siempre está el mar.




domingo, 25 de mayo de 2014

La vida es breve

Hoy estoy entre dos aguas, y dos tipos de música bien distintas. Al final opto por una de ellas. Dejo la de cortarse las venas en asterisco para otra ocasión.
Porque la vida es breve, tú sigues durmiendo. Se irá la mañana. Luego, las prisas. Y me adapto, me adapto a la anarquía de los horarios, a comer a las cinco de la tarde, a que los planes no sean nunca, a pisar la calle sin ti a una buena hora, sin fruncir el ceño salvo por el sol de frente. Y me voy sola a dar un paseo,  compro el desayuno (merienda cena para ti), y asumo, de nuevo, que cuando tú amanezcas yo llevaré ocho o nueve horas despierta y nuestros ritmos irán desacompasados todo el día. Tomaré el aperitivo y tú un café. No es lo más importante pero suma o resta. Es aritmética.
Porque por encima de la campana gorda se prescinde de lo imprendiscindible, se le puede llamar  inconsciencia, y es entonces cuando todo empieza a no funcionar de nuevo. No hay nada más. No le des más vueltas. Se nos va la química al garete literalmete.
...cuchillo de palo.
Porque la vida es breve, no nos perdamos más.

sábado, 17 de mayo de 2014

It takes strength to be gentle and kind

Creo que hay algo que debo estar haciendo jodidamente mal, que llevo toda la vida haciendo jodidamente mal. A veces, me siento como una extraterrestre en el tema relaciones. Como un ente abstracto metido en una búrbuja, flotando a unos cuantos pies sobre la tierra, en todo lo relacionado con los sentimientos. Creo sinceramente que me irían mejor (y también a mis posibles e imposibles parejas) las relaciones con los hombres o con otras especies, vegetales incluso, los geranios, por ejemplo, porque mi planteamiento es simplista. No le doy muchas vueltas a nada y las discusiones, malentendidos, disgustos se me olvidan al segundo. No tengo que hablar sobre todo, ni compartirlo todo ni masticarlo todo ni hacer una tesis doctoral sobre cada momento cuando éste no ha sido especialmente bueno. Los olvido sin más, no les doy más importancia que la que tienen que es ninguna generalmente. No analizo mil veces las palabras que se hayan podido decir o no, buscándoles significados enrevesados que no tengan. Ni analizo la forma en que se me han dicho  ni el momento  ni nada de nada. Ni si  me cogiste de la mano, me preguntaste el nombre o me subiste al caballo. Porque no registro, no grabo, no recuerdo. Reseteo inmediatamente. Me aburren soberanamente las vueltas que se le dan a las cosas. No puedo evitarlo. Me quieres, te quiero, pues ya está todo bien, para mí. Lo que no quiere decir que todo sea válido.
El problema es que la lectura al no entrar en ese análisis exhaustivo de todo, es que no me importa nada o no me importan nada. No lo entiendo. Si bastantes esfuerzos hago pensando que es lo que se supone que tengo que decir o cómo se supone que tengo que actuar o qué es lo que se supone que ha pasado que yo no he captado, para que de repente tengamos que hacer como un psicoanálisis de todo, y me tenga que prestar al mismo, como si estuviera participando en una función con un papel que no sé exactamente bien cómo tengo que interpretar. Se me dan fatal los jeroglíficos, y las mujeres en general.

Mañana trabajo doce horas, y no sé si dormiré alguna, porque a mí lo que no entiendo también me quita el sueño.
Y sí:
"If you're so funny
Then why are you on your own tonight ?
And if you're so clever
Then why are you on your own tonight ?
If you're so very entertaining
Then why are you on your own tonight ?
If you're so very good-looking
Why do you sleep alone tonight "


domingo, 11 de mayo de 2014

Un clavel

Esta noche me han regalado un clavel reventón. No he sido consciente de:
1 - Lo muchísimo que me gusta que me regalen flores
2 - No tener recuerdo de hace cuanto nadie me regalaba una flor, y lo que me gusta.
Hasta el momento en que me he visto con la flor en la mano, y luego detrás de la oreja, y después en un ojal de la camisa. Vamos, que me ha gustado. Mucho.
Todo eso teniendo en cuenta, que no me la ha regalado nadie que fuera especial para mí ni siquiera alguien que conociera, una anónima o amónima.

Muchas veces he pensado en tener siempre flores frescas en casa, pero en realidad lo que a mí me gustan son los cactus, y de esos hace también tiempo que no tengo ninguno, ahora por los sobrinos pequeños y el miedo a que se dañen, antes por la hermana de L.

Mi sobrino, el pequeño Lama me borra el nombre, mi grado de ensanchamiento/satisfacción es directamente proporcional a las veces que me nombra.

Adoro el modo en que la luz empieza a desaparecer sobre el edificio que está justo en frente del sitio en el que ahora trabajo. Mataría por vivir ahí, pero si viviera allí,  no vería a diario como anochece sobre mi cabeza. Toda esa belleza, me la perdería. La seguiría disfrutando alguien como yo, que no sería yo, pero que a diario desde su puesto de trabajo imaginaría, igual que yo lo hago, que sería mágico vivir en un sitio sobre el que el cielo adquiere cuando empieza a anochecer esas tonalidades. ¿Sabrán los habitantes de ese edificio que tienen una luz cuando comienza a anochecer, e incluso antes, sobre sus cabezas, que no se parece a nada, que es ese cielo de Madrid  lo que a muchos nos hace soñar y querer seguir aquí? Seguramente, no. Ellos soñarán con las luces de otras tardes declinando sobre cualquier otro sitio, o no, a lo mejor ni siquiera eso. Tampoco la magia es mensurable, ni siquiera algo objetivo, y yo que últimamente no dejo de encontrar  tanta magia en todo, como en este clavel reventón que ahora está sobre la mesa.

Lo que sueñas vuela...


domingo, 20 de abril de 2014

Mejor buenos recuerdos

Esta semana la asesora de la hija puta (HP, en adelante), se tiene que poner en contacto conmigo para entregarme todos los papeles y el finiquito. A fecha de hoy, quince días después de que yo diera por concluida, de un día para otro,  la relación de explotación laboral que me unía a su mierda de empresa, no le ha salido del santo papo o de dónde sea que le salga a HP algo. Y le va a tener que terminar saliendo, porque el finiquito me da un poco lo mismo. Por suerte no me supone ningún problema gastármelo por adelantado en un abogado, para porculear y que aprenda.
No sé de dónde salen o dónde se han educado o qué enseñanzas han recibido esas personas que piensan que por el hecho de pagarte por tu trabajo tienen derecho a cualquier cosa. Es la peor experiencia laboral que he tenido en mi vida. Tampoco sé qué concepto de la educación tiene alguien que después de perder las formas y faltarte al respeto (porque se ha debido de olvidar de tomarse la medicación, en casa de herrero...) por añadir, gracias, de coletilla piensan que están siendo educadas y además se lo creen. Tampoco sé como es posible que haya gente cuya percepción de la realidad no tenga nada que ver con la del resto. No se dan cuenta que el problema está en ellas, pero no es mi función en la vida abrirle los ojos a alguien aunque no pude evitar decirle todo lo que pensaba, es por eso que HP está en su grado máximo de hijaputez, que es mucho.
En realidad, lo que único que quiero es dar por concluido este tema de una vez, y olvidarme.

Hoy he cocinado arroz con verduras al horno. Me ha quedado de maravilla para ser la primera vez.  Así que me he puesto como la Glorión.
Mañana por la mañana tengo que ir a un curso de formación en fitoterapia: "Del pico glucémico a la nutrigenómica". ¡Apasionante! No me apetece una mierda porque estaré más de catorce horas fuera de casa, pero no puedo decir que no porque así se acordó en el nuevo trabajo. Sé que es algo que a quien beneficia es a mí, porque mejorará mi cualificación profesional, pero los lunes me cuesta tanto arrancar y madrugar me parece tan asqueroso. Por otro lado, si empiezo así, la semana no puede más que ir mejorando. Hay cosas peores e incluso gente que madruga mucho todos los días, pero el mundo plantas lo tengo atragantado desde la carrera. Aunque soy consciente, desde que estoy en Madrid, que el futuro de mi profesión, está en estas alternativas y el enfoque me gusta, aunque me de más pereza que comer marisco.
Me temo que hoy no estoy muy esponja de azucar.

Llevo todo el día con esta canción.  He vuelto a ver la película de la que sale también su título (que copia) : "El marido de la peluquera". "Golosinas", es uno de los discos de Pedro Guerra que más me gusta, bueno, practicamente el único suyo que he sido capaz de escuchar en bucle.
Recomiendo la película. Quien no la haya visto que se salte el segundo vídeo.
Me encanta Anna Galiena. Me pone.



Estoy un poco atascada esta noche. La intranquilidad es un rastrillo de dientes oxidados que va rasguñando por dentro el plexo solar. A ver quién consigue conciliar el sueño. Admito ovejas numeradas.

Todo se transforma

Día de descanso. No he hecho nada. Cuando digo nada, no quiero decir nada de nada si no un poco de nada. Hoy sólo tenía ganas de estar en casa. Sola. Dedicándome a mí, porque las últimas semana han sido intranquilas, de cambios, y lo necesitaba.
Conseguí dormir más de ocho horas. Me desperté con los ojos hinchados. Retengo líquidos, también otras muchas cosas; sensaciones, imágenes, ideas, sentimientos, instantes, miedos, dudas, certezas, que por suerte no se acumulan bajo mis párpados. Imagino una marea, las olas rompiendo contra las roca del párpado móvil más inmóvil que nunca, y mientras todo eso pasa yo estoy a por uvas soñando no sé qué. No recuerdo si sueño. También puede ser la cafeína del contorno de ojos milagroso que me aleja de la condición de mapache y me acerca a la de un sapo.
Hablo con L. Me cuenta sus aventuras con la desbrozadora. La vida es apasionante también en lo cotidiano. No sé si afirmo o pregunto.
Me apatece comer verde. Como verde, resistiéndome a la vocecilla de unos gnocchi que me tientan, pero no.
Pongo una lavadora de ropa blanca. Las ropa irradia e ilumina aún más una de las  habitaciónes de esta casa ya de por sí iluminada. Me gusta el olor que desprende  la colada, y este tiempo que hace hoy que amenaza lluvia, pero tampoco. Este sol de primavera.
Me llegan fotos de E. Me invade la ternura. Me llena de amor. Definitivamente tiene el gen G. Es como si el aire tuviera un nuevo componente y al inspirarlo me pusiera blandita y rosa. Soy una esponja de azucar. Me siento bien como hace mucho tiempo no lo hacía. Trato de retener la sensación. La retengo. Ya es mía. Esta sí la guardo debajo del párpado izquierdo.
Vuelvo a hablar con L. La desbrozadora ha muerto. La quiero. También a la desbrozadora por morir.
Me empieza a doler una cadera. Cojeo del salón a la cocina. Me invento, mientras preparo un café descafeinado en la cafetera italiana,  que tengo una antigua herida de guerra que me avisa de los cambios del tiempo, pero no sé dónde ni como fue que sucedió la herida. Tengo sueño otra vez, y poca imaginación. Vuelvo a la cama. Pienso en escribir. No sueño nada. Cuando despierto tengo la misma sensación de bienestar (a pesar de la cadera) de antes. Me imagino arrastrando la pierna de por vida a bordo del Pequod como el Capitán Ahab.
Tengo antojo de torrijas, pero hago tortitas con chocolate. Disfruto comiéndomelas. Mucho.
Escucho música. Anoto un par de películas que quiero ver. Estudio inglés. Ayer aprendí a decir tirita, en más de cuatro idiomas. Los guiris en Madrid están  fatal de los pies.
Me gustaría que estuvieras aquí.
Y así, se ha ido ya el día.
Cada día estoy más convencida que lo que canta Jorge Drexler forma parte de las cosas de la vida que son así. Puede que ahora vuelva la calma. Deseo calma allí donde no la di.

sábado, 12 de abril de 2014

Cuando salgo de casa de mi hermana E. todavía es de día o de tarde. Hay luz natural. Después, el suburbano, y aún después el autobús saliendo del intercambiador. No sé quien se ha comido la luz. Cual de los dos tiene más fuerza o tragaderas para hacerlo. El caso es que después del túnel está la noche.

Escucho entre cabezadas la conversación de un hombre de unos cincuenta largos que va sentado delante de mí. Habla con su pareja. Miente diciendo que en diez minutos llega o a lo mejor es solo otra su percepción del tiempo. 
 - ¿Eh? ¿eh? ¿eh? - me pone nerviosa.
Creo que al otro lado hablan entre dientes, el plan que propone es matador. Quedar en el bar X a ver un partido de fútbol
Imagino que  siguen refunfuñando  al otro lado.
- ¿Eh? ¿eh? ¿eh? ¿eeeh? - sigue diciendo el hombre.
Sigo dando cabezadas.
La pareja al final consiente, y el hombre se queda más ancho que largo. Planazo de sabado night.

Me sigo durmiendo. Se me vence la cabeza, y no son ni las diez de la noche.
Mientras voy pensando en comida, y en lo importante que se ha vuelto en los últimos tiempos despertar por la mañana y sentirme bien físicamente. Es por eso que cada vez tolero menos el alcohol. He tomado una cerveza en el aperitivo, acompañado la comida con vino tinto, y no he sido capaz de terminarme un gin tonic, de una ginebra selecta que mi cuñado A. ha comprado para la ocasión, igual que el vino y la cerveza. He perdido mucho peso en los tres últimos meses, y eso también hace. Hoy celebramos que esos tres meses pasan a la historia, que E. hoy tiene 18 días, y es preciosa y tiene los genes de Pepe, mi padre, por suerte sin el tórax en quilla, y que A. cumple 42 años.

L. está en su tierra, a veces, me gusta estar sola, como ahora. También creo que es absolutamente necesario para mí, aunque sé que hay quien no tiene esa necesidad. No creo que eso signifique que se quiera más o menos. No es una medida de nada, pese a que sea políticamente incorrecto, por expresarlo de alguna manera,  decirle a quien quieres que necesitas estar sola. Tenemos que aprender también eso o tienen que aprender eso de mí, solamente significa que hay quien necesitamos espacios, de vez en cuando. En el fondo creo que soy tan solitaria como sociable. No poco de ninguna de las dos.

S. me sigue gastando el nombre. Pude oírle cuando fumaba un cigarrillo en el patio, llamarme insistentemente, como no acudía me volvió a llamar abuela M. Creo que lo hace a posta. Fue en ese momento de la tarde en que hubo una pequeña tormenta:  las gotas caían sobre el agua de la piscina, la melancolía empezó a invadirme, deseé que alguien me abrazara y ser azul. Su vocecilla sonaba reclamándome y me devolvía a la realidad del amor sin más. No me pude fundir con el gresite azul aunque me hubiera parecido hermoso. Me gusta el gresite, pero aún más el pavés, y nada más.





jueves, 6 de marzo de 2014

Mi arma

Hace un día estupendo en Madrid. Es como si de pronto, de ayer a hoy, la primavera. Que hoy nadie me dé guerra, porque no pienso dejar de perderme en el azul del cielo.

"De Madrid el cielo y, en el cielo, un agujerito para verlo"