viernes, 13 de diciembre de 2013

Take this Waltz

Estos días duermo sepultada bajo un montón de ropa. Aunque más que dormir (no duermo mucho), me sepulto, directamente. El edredón nórdico, una manta, y dos colchas, las tres últimas dobladas, puestas una encima de otra. Quedo como el guisante de la cama de la princesa. Creo que me estoy volviendo aún más friolera o que combustiono por las noches desprendiendo todo el calor, para no quedarme con nada.
 
Hoy hace un frío de esos que duelen los ojos. Está melancólico y pensativo el día. Es por eso que se pone gris. Por las tardes la calle huele a leña quemándose. Hace un rato vi como la descargaban en alguno de las casas de enfrente. Las mismas que tienen esos pepinazos de coches aparcados en las puertas. A mí, ese olor y el humo saliendo por las chimeneas,  me recuerda a muchos fines de semana de la adolescencia. Me recuerda a días en familia, a  risas, a piñas, a castañas asadas, a paseos por el monte, a juegos de mesa, a chocolate caliente...  No sé qué es lo que ha hecho el tiempo con esa adolescente que fui, porque hoy pese al recuerdo no cambiaría una calefacción central por nada.
 
Después de la ducha de esta mañana, con agua hirviendo, me quedé nueva. Pero me pica la espalda. El punto muerto de la espalda se sitúa en  esa zona en la que por mucho que te abraces jamás llegas  para ponerte crema. Es por eso que la gente se empareja, por nada más. Es el punto muerto el responsable de todos los amores y desamores.  No sé por qué, durante el contorsionismo, me dio por pensar que he estado con mujeres en cuyos codos se podría encender una cerilla. ¡A los codos te llegas!
 
Hablo con Y. esta mañana. Llegamos a una conclusión. No son las emociones ni los sentimientos lo que nos mueve. Es el picor. Me he reído mucho hablando con ella. El picor nos lleva a hacer cosas que jamás pensaríamos llegaríamos a hacer. Se piensan luego. Es una fuerza sobrenatural, por la que te dejas arrastrar con gusto, para qué vamos a decir algo que no sea. Como si de golpe tuvieras un poder súper (que te lleva a querer),  entre las piernas, que lo ocupa todo. Y tu misión en la vida fuera alimentarlo y compartirlo, sobre todo compartirlo. Solo estáis tú y el picor, de momento. Necesitas la colaboración de terceras personas, que seguramente ya estén en el punto de mira. Entonces esa fuerza arrolladora te lleva.  Te dejas arrastrar y arrastras. Sin conocimiento.
 
Pienso mucho últimamente, en la cantidad de cosas que me quedan por ver. En las que no he visto nunca. No he visto amanecer ni atardecer en tantos sitios... También pienso en la cantidad de libros que me quedan por leer como una misión imposible. En si dentro de mis posibilidades podré seguir leyendo como hasta ahora, con los dos ojos. Pero eso es otra historia.
 
Tengo ganas de que alguien me invite a cenar. Una cena como romántica, pero sin que necesariamente haya amor ni nada que se le parezca. Sin que pique nada, también. No sé, que alguien viniera a buscarme y me llevara a cenar a un sitio bonito, cálido, acogedor. Alguien que me hiciera reir. Soy un estómago agradecido. Si es algo como romántico no creo que nadie me invitara a cenar sardinas, ni mollejas, ni casquería en general: es lo único con lo que no puedo. Eso incluye el foie: casquería procesada. También podemos descartar el marisco, me da pereza. ME, decía que no dijera que me daba pereza comer marisco porque quedaba como un poco vaga. Pero la realidad es que me da pereza, mucho trabajo para comer tan poco y mancharse tanto. Cuando tengo hambre me quiero saciar enseguida, soy muy básica. Así que esa tarde previa a la cena romántica, merendaré. Decidido.

Me envía un whatsapp S. Está en Bilbao. Se acuerda de un viaje que hicimos allí. También yo me acuerdo. Es curioso la prontitud con la que acuden los recuerdos que parecían estar en el último cajón de la memoria. Es sorprendente, a favor de S., que tengamos tantos años después esta buena relación. Que nos queramos de otra manera.

Ha empezado a llover. Auguro una tarde de manta y libro.

Y de esto que me acompaña insistentemente:
 
PEQUEÑO VALS VIENÉS
 
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hau un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio.
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre"

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en las fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Federíco García Lorca.
 


No se puede con tanta genialidad. Qué enormemente grandes.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

A Pepa, Fran y Konchi

 
lamentablemente.
1. adv. m. Con lamentos.
2. adv. m. De manera lamentable.
 
lamentable.
(Del lat. lamentabĭlis).
1. adj. Que merece ser lamentado o es digno de llorarse.
2. adj. Dicho del estado o del aspecto de una persona o de una cosa: Estropeado, maltrecho.
3. adj. p. us. Que infunde tristeza y horror. Voz, rostro lamentable.

lamento.
(Del lat. lamentum).
1. m. Queja con llanto y otras muestras de aflicción.

lamentar.
(Del lat. lamentāre).
1. tr. Sentir algo con llanto, sollozos u otras demostraciones de dolor. U. t. c. prnl. Era u. t. c. intr.
2. tr. Sentir pena, contrariedad, arrepentimiento, etc., por alguna cosa. Lamento haber llegado tarde.
 
"Lamentablemente no cubre el perfil del puesto.
Muchas gracias. "
 
O lo que viene siendo a Parla a mamarla, vamos. Lo grave es que casi se te salten las lágrimas literalmente,  y no de pena, si no de agradecimiento. Los segundos que han dedicado a responder tu correo te hacen volver a creer momentaneamente en el ser humano, porque eso de ahí arriba es la excepción.
 
Me pregunto si alguno de los, ya, imposibles empleadores, que amablemente contestan (la mayoría de las veces una no sabe si hay un agujero negro en la red, y al muy cabrón le ha dado por tragarse todos los correos que envías, en respuesta a ofertas de trabajo. Inicio de paréntesis dentro del paréntesis (Cada vez puedo menos con la informalidad. Es tan fácil quedar bien como generar un mensaje de respuesta automática en la dirección de correo electrónico que indican, en el que simplemente agradezcan  tu interés. Por otro lado, tampoco ellos, los informales y sus puestos  "cubren mi perfil", sea lo que sea que eso "sinnifique". No sé. ¿Quiere decir que si nos ponemos en paralelo de perfil, sobre la misma línea, y nos enfocan con un haz de luz, como para proyectar nuestras sombras sobre una pared, como para hacer sombras chinas, va a ser solo una de las dos mitades laterales de mi cuerpo la que se vea, porque al no cubrir mi perfil los eclipso o/y al revés o qué?). Fin de paréntesis dentro de paréntesis y de paréntesis en general.
Volviendo al principio del párrafo, lo que me pregunto es, si cuando escriben  "lamenteblemente" saben realmente lo que están escribiendo o lamentablemente no lo saben.
 
Por otro lado, no recomendaría si eres un empresario que pretende parecer serio - otra cosa es que  puede que te la traiga al pairo -, indicar como dirección de correo electrónico de contacto la que creaste en su día para tu boda, lista de regalos de boda o whatever, por ejemplo: pepayfranboda@menudopercalaqueteregaloelmarcodigital.net, porque Pepa, perdona que te diga, pero dan ganas de cortarte la cabeza con la espada de la tarta, y a tu novio, ya marido,  la corbata con una motosierra  y luego deciros aquello de "¡Que se besen!", a ver si acaso. Tampoco recomiendo utilizar la que usas para ligar en Meetic o practicar cibersexo en chats varios, por ejemplo: konchiyuju69@vamosnomejodasnoesserio.com, porque te imagino en la boda de Pepa y Fran, pasando la bandeja con los trocitos de la liga azul celeste de Pepa - la novia decapitada -,  a juego con la ya inexistente corbata de Fran,  moviéndote al compás de "Paquito, El Chocolatero". Podría escribir sobre unas cuantas direcciones de correo electrónico por el estilo que me he encontrado en los últimos tiempos. En todo caso, desearía en el caso de hacer la prueba de  "cubrir el  perfil", que el haz de luz fuera desintegrador, y los suyos quedaran reducidos a cenizas.
 
A todas las Pepas, Franes y Konchis, de este mundo, lamentables representantes del cutre empresariado español, solo  decirles que:
 
 
Y ya que estoy, ¡va por ellos!
 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Es fácil desencantarse. Es de las cosas más fáciles. Tampoco sé qué quiero escribir en este momento. Mas que es fácil desencantarse, y que algunas hemos contribuida en la medida, o más allá, a eso del des-.
No sé realmente en qué está basado el amor, pero a veces entiendo que el amor (enamoramiento), no es todo lo que nos mueve. Hay algo que está por debajo de eso, o por encima, no lo sé. Que con la edad cada vez transigimos menos, y aún menos, y aún mucho menos....
La verdad es que, yo, ya no creo. Ni sé si jamás he querido a nadie, en el modo en que he sentido que otra gente me ha querido a mí, o lo que quería era la idea que tenía de ese alguien, que jamás llegó a la idea ni a lo que yo hubiera querido, supongo que igual viceversa.
No sé tampoco por qué tenemos que querernos más allá, y eso lo sea todo.
En el cumpleaños de J. nadie se planteaba nada, a veces, es chungo tanto tiempo libre para pensar, otras veces con menos tiempo ya se lían pardas, otras tampoco termina de solucionar una los grandes misterios de la humanidad, para qué.
Yo, solo quisiera, ser capaz en cada momento de diferenciar una atracción física brutal, y no confundir eso con cuentos de amores en rosa. Siendo que considero que las atracciones con chispas electrices son aún más difíciles de encontrar que esos amores lánguidos. Pero tampoco se pueden perpetuar.





domingo, 3 de noviembre de 2013

"Que no se me acomode el amor pa cuando estalle"


Ahora solo tengo en la cabeza el título del post (y la canción de la que sale). No quiero que se me olvide nunca.

Alguien me regaló el pedir un deseo a un pozo. De golpe todo se llenó de rosa o rojo o no sé, del color que quiera que tenga el amor, que no sé por qué tiene que ser uno de esos dos. Me ha debido pillar un poco a lo Candy Candy. A mí el amor en naranja o amarillo chillón, ya me gusta o me gustaría. Después del cromatismo aprendido, me vino a la cabeza la imagen del corazón de gominola del vídeo (uberCandy Candy), de ahí que ahora solo tenga eso. Un poco después me salió la virgo racional. Pensé en desear trabajo (WTF?. Con lo a gusto que estaba yo, como flotando, sobre algodones de azucar rosas). "No seas seta", me he dicho. He tratado de recuperar el primer pensamiento, pero ya estaba en modo níscalo.

Es cusioso que lo primero en que pensara fuera  amor o no tanto, al final es todo lo que buscamos y lo que nos mueve. No pensé en amor de un modo genérico si no más bien en las sensaciones que produce el estar enamorada, es decir, más genérico todavía. No sé explicarlo. Cuando se siente no se piensa, el problema es cuando se empieza a pensar qué se siente. Puede que con los recuerdos se me haya hiperactivado momentáneamente el núcleo caudado (una de las regiones más primitivas del cerebro. Ahora visiono mi núcleo caudado vestido de troglodita), y haya dejado de funcionar mi corteza prefrontal (a esta la veo en la cola del Sepe, esperando su turno. ¡Fuera seta!). En esas circunstancias cerebrales debería hacer el amor con mucha frecuencia, pero no me ha dado tiempo. Para otra vez, si eso.


martes, 29 de octubre de 2013

El zarandeo


zarandear.
1. tr. zarandar. U. t. c. prnl.
2. tr. Agarrar a alguien por los hombros o los brazos moviéndolo con violencia.
3. tr. ajetrear.
4. prnl. And., Cuba, Perú y P. Rico. contonearse.

contonearse.
(De cantonearse).
1. prnl. Hacer al andar movimientos afectados con los hombros y caderas.

He escuchado esta canción, en realidad, es esa parte en que dice  (el resto de la letra me sobra): 

Cuando paso por tu puerta
me echo pa'lante me cojo el pelo
pa'que veas mi cara guapa
me zarandeo, yo me zarandeo
y el aire de tu ventana
ya me conoce me manda besos 

la que me ha dejado prendada del movimiento de la imagen que se ha conformado en mi cabeza nada más escucharla. Debe ser por el punto carnal que le pongo. No yo, si no a la imagen o yo a la imagen. Da igual. Que me gusta. Por cierto a mí Remedios Amaya, me recuerda al Oeste . Ese Oeste que dejé hace más de ocho meses. Aún estoy por encontrar el Norte en el centro.




Hoy, en este momento de hoy, estoy de este talante, y lo prefiero a estar pensando en otras cosas que me hacen crear imágenes más estáticas que borro como si tuviera en la cabeza una "Megasketcher". Lo bien que nos iría tener instalado un mecanismo así de sencillo para tantas otras cosas. Lo que viene siendo un zarandeo mental, pero esta vez sin contoneos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

"Con la pluma de una gallina y la tinta de un calamar"

(Amor verdadero)
"¡Ay, mira, mira, mira! Lo mucho que te quiero.
¡Ay, mira, mira, mira! Cariño verdadero"
(En realidad, no importan)
"Tú me escribes por las esquinas."
¡Qué maravilla, qué maravilla!"
Evolución/Involución del amor.
Caminos de doble sentido.










¡Se acabó!

lunes, 16 de septiembre de 2013

La merda se'ns menja

Vuelvo de hacer una entrevista de trabajo en un barrio de Madrid que rima con fugaz. Nada que ver con lo que me ha parecido el viaje hasta que he llegado allí.
En una de las calles principales de ese barrio, que tiene por nombre algo que podría tener que ver con la venta de vino, solo hay centros de estética y peluquería. Cuento siete, en apenas cincuenta metros, a ambos lados de la calle. Con nombres preciosísimos y muy inspiradores, todos ellos. Tanto que me han dado ganas de hacerme las cejas y dejármelas como un hilillo, pero no tenía tiempo. ¡Cachis! En esos cincuenta metros un único bar, con un sistema de extracción de humos que no funcionaba e imagino que los filtros de la campana  más sucios que el palo un gallinero. Lo que me hace desistir, a pesar de la sed, de entrar a tomar una Coca cola. No es plan de llegar oliendo a fritanga. Además, después de la experiencia como hostelera consorte, no me quedo en ningún bar en el que huela a comida. No lo soporto, directamente.
 
Posible empleadora, tiene 4 o 5 años menos que yo. Ha debido de comprar la gallina de los huevos de oro, calculo que, hace 2 años. Es posible que ahora empiece a respirar un poco (que no creo), o ha decidido que realmente no merece la pena dedicarle, a diario, a la gallina trece horas y media. (La gallina es de horario ampliado). Es un caso más del: "Cuando se tiene tiempo no se tiene dinero y cuando se tiene dinero no se tiene tiempo". Yo ahora me encuentro en la primera parte del entrecomillado, una mierda, vaya. Total, que posible empleadora, en adelante PE, busca a alguien que piense que va a heredar el negocio. No solo que lo piense si no que se lo crea, que lo visualice y se dedique en cuerpo y alma a él.  Tal y como lo debe hacer ella. Le digo que sí, claro. Que soy lo que busca. Al tiempo que pienso que lo que pide tendría que pagarlo y no ceñirse solo al convenio, pero bueno, es lo que hay. Y de ser, tampoco es que quiera estar toda la vida siendo futurible heredera sin herencia. Que me "fustro".
 
En la conversación PE (me dará la contestación en una semana porque hay otros candidatos dispuestos a heredar), saca a colación el número de CV que le han llegado. Calcula, así por encima, que el mismo día que puso la oferta unos 90, y en los días posteriores hasta hoy, han podido ser unos 200. Lo que no es mucho si se compara con los mil y pico que optan a otro tipo de puestos. ¡Una posibilidad entre doscientas! ¡Wow! Comenta PE, que entre esos 200 hay un porcentaje  elevado de personas que han terminado recientemente sus estudios, y se ofrecen para trabajar sin cobrar. Vamos, gratis. ¡Qué me lo quitan de las manos! Y es ahora que todavía no sé describir bien la sensación que me produce saber eso. Me resulta: ¿indignante? ¿humillante? Preocupante. ¿Es realmente necesario? ¿Y cuándo tengan experiencia? ¿se ofrecerán para trabajar por cuarto y mitad de lo que marque el convenio? Pan para hoy y hambre para mañana para todos. Si yo fuera joven, si no cumpliera 40 años mañana, no me lo pensaría dos veces y me iría a Inglaterra, Irlanda o a Chile, en este último he descubierto recientemente que hay una elevada oferta de trabajo en mi sector. Y si no tan lejos, también se puede ir una a Barcelona.
 
Los propietarios de las gallinas de oro se han ganado a conciencia la fama de peseteros que tienen. Práctica generalizada, al menos en Madrid, era hacer contratos en prácticas por 40h semanales además de las guardias (a veces incluso nocturnas),  con salarios que no llegaban a los 700€. Pasados los dos años, despido y un nuevo contrato en prácticas para otra persona, y así en un bucle miserable sin fin. Es por eso, entre otras cosas, que yo sí emigré a Barcelona. Y a saber, si gracias a todos los que no juegan limpio, no termino en Chile dándole al Pisco Sour como si no hubiera mañana.
Si yo fuera una PE, es posible que pasara por encima, incluso con asco o como con grima (me faltan recursos para describir la sensación que me produce este hecho que se está dando, y que deviene de todo lo mal que lo han hecho otros) sobre esos ofletones o tal vez me daría pena. Sí, también me daría pena, pero no tanta como para conmoverme pensando en las historias que hay detrás, si no más bien en la falta de iniciativas. Lo mismo a los PE del cutre empresariado español, lo que les conmueve es pensar en cuánto pueden engordar la gallina a costa de la desesperación, y lo demás les importa un huevo.
Pues eso, que se nos come la mierda como al palo del gallinero.
 

domingo, 21 de julio de 2013

Watermelon

Me encanta comer sandía mientras llueve. Lo he descubierto hoy. El olor a tierra mojada, el sonido de las gotas contra el suelo, el contraste de colores; la pulpa roja sobre el plato blanco y después, ese sabor ligeramente dulce y tan refrescante en la boca. Me he sentido bien. Son cosas pequeñas las que me hacen sentirme así últimamente. No son muchas las que lo hacen, pero sí que de tan insignificantes me pillan por sorpresa.

Me he hecho a vivir con lo justo. Descubriendo de cuantas cosas puedo prescindir: cuántas me son innecesarias y cuáles son imprescindibles.  No ha sido por gusto. No es que de golpe profese la austeridad como medio para llegar a otros planos superiores en los que esté por encima del bien y del mal. Es que la vida viene así. La obsolescencia de los pequeños electrodomésticos parece ser que estaba programada para la misma fecha. Así que no tengo televisor, ni secador, y he tenido que comprar otra plancha porque para mí eso forma parte de las cosas que son imprescindibles. Ya ves. Antes muerta que arrugada.

Empiezo a pensar en mí más que en nadie, a excepción de en mi familia. Al fin y al cabo soy lo único que tengo (el resto es todo como prestado y transitorio)  y me tengo que durar mucho, aunque a veces no me aguante. Así que tendré que llegar a la mejor versión de mí. Y en eso estoy.

Ayer estuve en casa de C., celebrando un multicumpleaños. El de A., J., y L., que cumplían o han cumplido este mes 6, 39 y 41 años, respectivamente. Me pregunto qué es lo que hace que E., C., y T. (mis hermanas) lleven con sus parejas que son unos hombres maravillosos  7, 12 y 13 años. Les pregunté también a ellas. Me hablaban de momentos complicados también en sus relaciones y de las expectativas que se pone en alguien, de si es posible que las mías hayan sido muchas. Creo que no es nada de eso, pero aún estoy por encontrar respuestas. Mi cuñado A., me habla de momentos, de que ahora lo veo todo así porque puedo no estar en uno bueno, pero que los buenos llegarán y veré las cosas claras. Yo le creo porque quiero creerle, porque me va bien hacerlo y porque nada es para siempre. Eso último, cada vez, lo tengo más que claro.
 
Aprendo, porque los niños me enseñan, los nombres de los personajes de los dibujos animados de ahora y algunas de las canciones de esos mismos dibujos. Esta (perdón por el pegote ahí en medio, pero he sido incapaz de reducirlo a la barrita de youtube) me hace mucha gracia porque le pongo cara y música a la que yo llevo. Así, me río de mí y de la mochila. No así de mi conciencia ni de que no haya nada en la mochila para nadie.
 
Sigue lloviendo. Caen las gotas de lluvia con una cadencia lenta, con cuidado, con delicadeza. Como siempre tendrían que ser todas las cosas. Como siempre tendríamos que hacerlas. Se ha quedado una tarde otoñal. Me gusta. La calle está así, tranquila y desierta. Como a la espera de que algo grande ocurra. Como a punto de que alguien emprenda un viaje en ese coche. Igual que yo, hacia mi interior.
   

 
Hoy he leído que mañana Venus entra en mi signo. Miedo me da. De verdad, por ahora que se quede en la puerta.

Me gusta esta canción y bailar. Bailarla. Me gusta mucho bailar (otro de mis imprescindibles). Bailar sola como si no hubiera mañana, porque nunca se sabe. Y poco más.


jueves, 18 de julio de 2013

Ninonino ninonino.

Quedo con T. a tomar unas cervezas  a las seis de la tarde. Porque T. tiene un hijo de 16 meses y medio (mi sobrino) y es entonces o no es nunca. El niño, S., es como un superbebé gigante (cortesía de los genes B) y además es muy simpático (cortesía de a saber qué genes). Nos tomamos cuatro jarras de cerveza, bien fresquitas, y ya estoy piripi. Pero me tengo que volver a casa, por el cash y porque aquí no conozco a nadie y además porque los bebés tienen horarios. Total que aquí estoy sola, de solemnidad.

Me viene, recién llegada a casa, el pensamiento que tuve en algún tiempo, tampoco no  muy lejano, de ser madre. No lo seré nunca. Porque coincidiendo con aquel tiempo (el del pensamiento de la maternidad) hice  prácticas durante más de seis meses con un adolescente con un Trastorno Disocial diagnosticado, más todo lo que tenía por diagnosticar ( hay ciertos psiquiatras que se niegan a encasillar antes de que cumplan los 18), y a mí se me quitaron todas las ganas. CR15, que este año, será CR18 (carne de cañón). Está en un centro de cumplimiento de medidas judiciales para menores. Se hizo todo lo que se pudo. Al  menos yo lo hice, con los recursos que contaba. Hasta que tuve que empezar a dormir con la puerta de la habitación cerrada (con muebles que la bloqueaban, como en una película de seria B),  y algo que pudiera protegerme, debajo de la almohada, porque temía por mi integridad física, la psíquica ya era otra cosa y asunto mío. Entonces pensaba que se me estaba yendo la cabeza. A posteriori (un par de años después), supe que no era yo la única, y que las cabezas... a veces deberían rodar, por el bien común, pero resulta que son libres.
Si alguien me preguntara si, en realidad, viví aquello, tal vez lo negaría aunque fue así. Una pesadilla no soñada.
Total que Dios o whatever, te concede lo que pides para que dejes de pedirlo. Y es por eso por lo que ya no pido nada más.

P.D.1: Sigo echando de menos bailar como si no hubiera mañana. Y me encanta la cerveza. Echo de menos cosas que es posible que nunca sepa cómo serán, porque nunca me dé el gusto de vivirlas. Me pregunto, entonces, cómo es posible echar de menos algo que no haya vivido. ¿?

P.D.2:  Me entristece mucho la perdida de todos los que un día me fueron afines y los pienso (a ti también), pero el pensar es como el creer, no es cosa cierta.

A esta hora me liaría en un mano a mano con cualquiera que quisiera escucharme.

P.D.3. Pienso en el mar y en veranear. En ser veranenante. En caracolas. Olas. Azules. Arena. Mar.

¡Salud!


miércoles, 10 de julio de 2013

Pájaros.

La gente no cambia. No cambiamos. Eso forma parte de las cosas que son así.
Cada vez hago peor los cigarrillos de liar.
Con todo lo que no he sido capaz de gestionar antes, me pasa como con los cigarros, que cada vez lo hago peor.
Confiamos. Una y otra vez confiamos.
La primera vez que te engañen será culpa del otro, las siguientes serán culpa tuya.
Si hay algo a lo que antes no supiste ver la parte positiva, con el tiempo no se la verás nunca.
Las no virtudes lo son siempre, con las virtudes ocurre lo contrario, a veces dejan de serlo. Es como con los lunares que se transforman en verrugas.
El tabaco de liar por la mañana, no me quita el mono de nicotina, tampoco por la noche, pero entonces, como ahora, ya estoy muy cansada y casi todo me da lo mismo.
Contemplo la posibilidad, si no tengo suerte, de terminar trabajando en el extranjero. Me da pereza estudiar inglés por enésima vez, pero como con la nicotina, por las noches lo de irme fuera también me da lo mismo.
No llevo bien vivir en el quinto.
Pienso en los distintos yo que he sido, con cada una de las personas que han estado. Como si fuera de personalidad múltiple, que lo mismo. Me vuelvo a olvidar de los sueños. Hay personas con las que nunca los tuve, otras alimentaban mi imaginación y mi alma para soñar, para que asomara ese otro ser yo que, en realidad, nunca me atreveré a ser del todo o a ser yo simplemente.
Me da la risa cuando contesto en Infojobs a una oferta de trabajo para Inditex, por el tema de, si se da el caso, justificar la búsqueda aún más activa de empleo al SEPE y que no me roben un mes (desconozco a partir de qué número de currículum enviados comienza la actividad). Me imagino como toda una apasionada de la moda, cuarentona, con un pantalón corto, muy corto, estilo "chochero", trabajando en "el Breska", eso si acaso me caben.
En general, no quepo en mi de glamour.

Todo a propósito de haber leído, por ahí, algo parecido a esto: "Tenía muchos pájaros en la cabeza, pero nunca volaba"

Me gusta mucho la gilipollada de esta canción.